diumenge, 30 de març de 2014

Gato negro, gato blanco (Crna macka, beli macor, 1998) de Emir Kusturica



"Yo pongo mis ideas en practica. Quizá es por eso que la gente me odia"

Emir Kusturica


Grga Pitic (Bajram Severdzan), un padrino gitano, y Zarije (Zabit Mehmedov), dueño de unas obras de cemento, son amigos desde la infancia. Sobrepasados los ochenta años y con una mala salud de hierro, su única preocupación es el porvenir de sus hijos y nietos.


El famoso y controvertido director yugoslavo Emir Kusturica dirige una extravagante cinta sobre negocios sucios, mercados negros y enredos generacionales entre familias de etnia gitana. Kusturica se alzó con el León de Plata al mejor director en el festival de Venecia de 1998 gracias a su extraordinario trabajo en esta delirante comedia negra.

La película presenta una enrevesada trama que relaciona las familias de los dos ancianos antes mencionados con un mafioso llamado Dadan -quien sufre un grave problema de drogadicción (Mención aparte merece este personaje, interpretado por un joven Srdjan Todorovic), y una abuela y su nieta (Branka Katic). Deudas de juego, estafas, y un par de romances completan el "loco" argumento. 


Bello en el aspecto visual, el filme nos traslada a escenarios de la antigua Yugoslavia habitados por gitanos dedicados al mundo del crimen. Entre ellos, nacen disputas de todo tipo, amistades e historias de amor, destacando la que enlaza al nieto de Zarije y la joven muchacha interpretada por Branka Katic (de enorme parecido con Scarlett Johansson, por cierto). La dirección de Kusturica se muestra delicada y sensible, encontrando el ritmo narrativo adecuado y apreciando los momentos románticos en toda su medida, y los personajes que se presentan en la película poseen cierto carácter felliniano, lo cual incrementa lo grotesco del conjunto. 

La influencia del director yugoslavo en el cine moderno se hace patente durante todo el filme. Está más que claro que algunos de los mejores cineastas de la actualidad -Paolo Sorrentino, por ejemplo- conocen la obra de Kusturica. 


Además de la gran escenografía y el más que apreciable trabajo de fotografía de Thierry Arbogast, destaca la banda sonora, compuesta por músicas gitanas y balcánicas tradicionales y algún que otro "hit" de la música disco que acompaña al estrafalario personaje de Dadan. 

Si algo se le puede reprochar a la película es que la intencionada búsqueda de un happy ending acaba por alargar en exceso el tramo final del mismo. De todos modos, Gato negro, gato blanco garantiza carcajadas y resulta deslumbrante y ocurrente, así que no duden en verla.






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