dissabte, 22 de març de 2014

La trilogía de los Tres Colores de Krzysztof Kieslowski




"Quizás vale la pena investigar lo desconocido, aunque sólo sea porque el sentimiento de no saber es muy doloroso"

Krzysztof Kieslowski



Entre 1993 y 1994 el cineasta polaco Krzysztof Kieslowski dirigió una trilogía cuyos títulos hacen referencia a los colores de la bandera de francesa. Así pues, Kieslowski se inspira libremente en los tres grandes valores de la Revolución del XVIII: La libertad, en Tres colores: azul (Trois couleurs: Bleu, 1993), la igualdad, en Tres colores: blanco (Trois couleurs: Blanc, 1994) y la fraternidad, en Tres colores: rojo (Trois couleurs: Rouge, 1994). 


En la primera película, azul, se presenta la historia de Julie -Juliette Binoche-, que en un accidente de coche pierde a su marido e hija. Tras recuperarse de sus lesiones y un intento fallido de suicidio iniciará una nueva y solitaria vida que tan solo se verá perturbada por el recuerdo de su marido y la insistencia de Oliver, su ayudante, para que concluya la obra clásica de éste, un concierto para Europa. 

Azul es sin duda la más dramática de las tres películas. Su crudo argumento esconde reflexiones vitales de gran calado que giran entorno a la libertad emocional de su protagonista. Las mayores virtudes de este bello filme se encuentran en sus intérpretes, la fotografia de Slawomir Idziak y la partitura de Zbigniew Preisner, quien trabajó en las tres obras que aquí tratamos.


En Blanco, Kieslowski dota a la narración y a la propia historia de un sentido más cómico pese a lo dramático del argumento. En ella, Karol -Zbigniew Zamachowski-, se enfrenta a un problema de impotencia que su mujer -Julie Delpy- no tolera, hasta el punto de exigirle el divorcio. Tras este traumático suceso, Karol decide volver a su Polonia natal y emprender un negocio con el único objeto de vengarse de su ex esposa. 
Blanco es, a nuestro enetender, el filme más flojo de la trilogía. Sin dejar de ser una película interesante tanto por aquello que plantea como por el modo en que lo hace, el enrevesado guión acaba por jugarle una mala pasada, dificultando su seguimiento y diluyendo el mensaje del director. La referencia que hace a la igualdad únicamente se puede entender en el sentido de "igualdad de condiciones" en una relación sentimental.


La culminación de la trilogía de los colores y de la obra de Kieslowski viene dada por Rojo. Valentina -Irène Jacob- es una joven estudiante que se gana la vida como modelo. Una noche, atropella a un perro y tras salvarlo de la muerte decide llevarlo con su dueño. Allí conocerá a un hombre frío y enigmático -Jean-Louis Trintignant- que pasa el tiempo escuchando las conversaciones telefónicas de sus vecinos.

Rojo es tan bella y compleja como sus protagonistas o la obra de su director. En ella, Kieslowski recupera algunos de los temas tratados en su mejor película, La doble vida de Veronica (La double vie de Véronique, 1991), tales como la importancia y significación de los instantes y las decisiones tomadas día a día, por intrascendentes que éstas puedan parecer. Nuevamente las destacadas interpretaciones y la inteligente dirección de Kieslowski incrementan la calidad del conjunto y conforman una más que notable obra cinematográfica.


En el conjunto de la trilogía destacan las formidables composiciones de Zbigniew Preisner, que dotan a cada uno de los filmes de un carácter poético y nostálgico. También debemos destacar el uso del color por parte de Kieslowski y sus ayudantes, que impregnan los decorados de los tonos acordes con el título de cada uno de los filmes.

El éxito de Kieslowski y su trilogía de los colores se hace evidente al repasar los galardones que estas consiguieron; mientras que Azul se hizo con el León de Oro de Venecia a mejor película, por Blanco el director polaco recogió el Oso de Plata a mejor director y con Rojo cosecho incontables nominaciones y otros tantos premios.


 

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