dissabte, 25 d’octubre de 2014

Ian Curtis


Sombrío, confuso, misterioso, enigmático, genio. Todos estos adjetivos suelen salir en mayor o en menor medida cuando sale el nombre del cantante de Joy Division. No estoy hablando de un cualquiera, y es que con el paso de los años, Ian Curtis se ha convertido en una de las mayores figuras del rock: ya sea por su música, por su vida o, no hay que obviarlo, su trágica muerte. No es mi intención hacer un escrito detallado de la vida u obra de este intrigante e idolatrado personaje, no, querría limitarme a puntualizar ciertos aspectos relevantes en su historia y buscar las razones por las que un artista con una carrera musical tan corta ha podido tener una influencia tan grande a lo largo de los años.



Ian Kevin Curtis nació en Manchester en 1956, pero pronto se mudaría Macclesfield, una ciudad cercana. Durante su adolescencia, Ian Curtis encontraba refugio como tantos otros adolescentes en la música y en los libros, devoto lector de Kafka y admirador de Bowie o Lou Reed entre otros, Ian rápidamente rápidamente se interesó en el mundo artístico como modo de escape de una sociedad industrial como era Manchester y sus alrededores.

El punto de inflexión en su vida se produjo en junio de 1976 cuando asistió a un concierto de los Sex Pistols. Con el punk haciéndose cada vez más y más famoso en Inglaterra, Ian Curtis se vio embriagado por el potente directo y el anarquismo que derrochaban Johnny Rotten y compañía y se dijo a sí mismo: “I can do that”. No sólo se vio impresionado por la actuación de los Sex Pistols sino que en ese mismo lugar conocería a Peter Hook y a Bernard Sumner, futuros integrantes de Joy Division.



Una de las claves de la personalidad de Ian, y que no intentaba ocultar, era su condición de epiléptico. Imitando los movimientos de un ataque de epilepsia, Ian bailaba de forma estrambótica durante sus conciertos, como poseído. Todo esto se unía a una identidad ya de por sí misteriosa y oscura que ha hecho de Ian Curtis un personaje icónico de varias generaciones.

Su voz también es de resaltar, de tono muy grave, como de otro mundo, las letras del propio Ian Curtis suenan imperiales con su tono. Esa forma peculiar de cantar luego ha sido influencia e incluso podríamos decir que imitado por otros cantantes como Paul Banks o Tom Smith.

Joy Division sólo pudo realizar dos álbumes de estudio, un EP y algunos sencillos, pero pese a eso, tiene un lugar en la historia de la música. Su relato fue efímero pero potente y han dejado himnos como Love will tear us apart, Disorder o She's lost control que todavía hoy suenan como el primer día; con la misma magia con las que Ian las concibió.

Como he comentado, Ian Curtis sufría de epilepsia, pero además era adicto a ciertos fármacos y tenía problemas con su mujer, con la que se casó a los 19 años, pese a eso, Ian mantuvo una relación con otra mujer llamada Annik Honoré, persona que se dice que inspiró Love will tear us apart.

Ian Curtis se suicidó la noche del 18 de mayo de 1980, en la cocina, con una soga, tenía 23 años. Se ha hablado mucho sobre lo que hizo Ian Curtis aquella noche, se da por buena la teoría de que se suicidó después de ver la película Stroszek de Werner Herzog y mientras escuchaba el disco The Idiot de Iggy Pop.



La juventud adora a Joy Division, es un hecho. Es una de esas bandas que al igual que The Smiths o Nirvana tienen su mayor público entre los jóvenes. Los adolescentes encuentran en Ian Curtis un ídolo, alguien a quien seguir y adorar. Escuchan en las oscuras letras de Joy Division cosas por las que ellos creen pasar y problemas que tienen, y todo esto sumado a ese aire tenebroso que rodeó a la banda hace que Ian Curtis sea más importante 34 años después de su muerte de lo que lo fue en vida.

Hoy en día Joy Division son más famosos de lo que fueron nunca: camisetas con la portada de su disco Unknown Pleasures se venden en grandes almacenes, muchos grupos versionan sus canciones y todavía se siguen haciendo recopilatorios, libros y películas sobre la banda. Nunca sabremos como se habría tomado Ian el rumbo que tomaron sus compañeros de grupo al formar New Order después de su muerte, pero lo que sí podemos decir es que el legado de Joy Division es inmenso: es sin duda una de las bandas clave en el post-punk y una de las más influyentes en la música independiente del siglo XXI.


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