diumenge, 15 de març de 2015

La mezquita de Damasco

Hasta el siglo VII Siria fue territorio cristiano. En el lugar donde se construyó la gran mezquita de Damasco había una basílica dedicada a San Juan Bautista, construida por Teodosio, el último emperador que controló las dos partes del Imperio bizantino. Anteriormente, estuvieron los romanos y los arameos, civilizaciones que dejaron restos en este punto. Tras el Imperio Bizantino llegaron los omeyas musulmanes, que hicieron de Damasco su capital entre el año 661 y el 750 y que construyeron esta mezquita aprovechando los materiales antiguos. Fue mandada construir por Al Walid I en el 705-706 y se terminó en el 715. No se conservan planos originales así que lo que conocemos es de la reconstrucción de 1894 tras un incendio.

Se mantienen los muros originales de 100 x 157 metros lo que la convierte en una de las mezquitas más grandes del mundo y su distribución influyó en edificios posteriores como la mezquita de Córdoba. Reproduce la casa de Mahoma con una zona central, el patio, alrededor de la que se distribuyen los distintos espacios. El patio está construido a base de pilares y un doble piso de columnas y arcos. Además de ser un lugar de paso, hay reuniones, se reza, se medita e incluso se descansa. En él hay tres construcciones pequeñas: la primera es la Cúpula del Tesoro, lugar donde se guardaba el dinero y las posesiones de la mezquita. Es octogonal, con columnas de origen romano y tiene decoración de mosaicos. La segunda es un espacio de planta cuadrada con techumbre de madera y se denomina la Cúpula de las Abluciones. Por último, está la Cúpula de los Relojes, restaurada en el siglo XVIII. 



Hay también tres minaretes, muy especiales, pues al contrario que en el resto de mezquitas, no son circulares, sino cuadrados o hexagonales. El más antiguo se conoce como el Minarete de la Novia, del siglo XI la estructura y del XII el remate. El segundo es el de Qayt Bey, nombre del sultán que lo mando construir en 1488. El último es llamado Minarete Blanco o de Jesús, reconstruido en el período otomano pero original del siglo XIII. Dice la tradición musulmana que el día del Juicio Final, Jesús, profeta en el Islam, volvería y que desde este minarete y diría 'Alá es el único dios y Mahoma es su profeta'

El interior de la mezquita está dividido en tres naves divididas por dos hileras de columnas con arcos en doble piso. Es probable que las arquerías fueran las originales basilicales. En el nicho de la oración o mihrab se encuentra la cúpula del Águila. En otro espacio está el sepulcro de la cabeza de San Juan Bautista. El pequeño panteón imita un edificio de dos alturas y se le venera tanto en el Islam como en el cristianismo.  En otra sala más está enterrado el nieto de Mahoma, Husein bin Ali, figura clave en la rama islámica del chiísmo. Se diferencia del típico arte suní por los colores y los espejos. En el exterior y coincidiendo con los muros del templo romano de Júpiter se alza la tumba de Saladino, uno de los sultanes más famosos de la historia. 





Esta mezquita es famosa por sus mosaicos de tradición bizantina pues es posible que los realizaran artistas de Constantinopla. Son muy diferentes a los gustos presentes en el arte islámico. En las paredes del patio y las de la Cúpula del Tesoro vemos una posible representación del Edén, con un camino de agua, árboles y edificios de estilo romano de diferentes alturas. La decoración vegetal es lo que prolifera con más fuerza, pues el Islam prohíbe la representación humana y animal en los templos, en especial la de Mahoma o Alá aunque en otras zonas islámicas esta corriente no tuvo tanto éxito. Algunos de los materiales utilizados fueron el mármol, el cristal de color, el oro y la plata. Esta mezquita tuvo el mosaico de oro más grande del mundo que llegaba a ocupar 4000 m2. 









Aunque no sé en qué estado se encuentra actualmente la mezquita, imagino que, a causa de la guerra que asola Siria, mucho de lo que se puede apreciar en estas fotos ya solo existe parcialmente. Antes que nada van las pérdidas humanas y económicas, pero sí es verdad que en las guerras de Oriente Medio se ha destruido mucho del patrimonio histórico y artístico. No solo por los bombardeos o los disparos, también por la presencia de tanques y bases militares extranjeras. Los americanos, por ejemplo, destruyeron ruinas mesopotámicas en Irak. El conflicto sirio está siendo devastador en todos los sentidos y en el aspecto artístico, Alepo ha sido una de las ciudades más afectadas ya que su gran mezquita, construida por los omeyas, ha sido destruida.

Quiero repetir que, antes que cualquier tipo de destrucción material, van las pérdidas humanas y los efectos traumáticos de una guerra, pero como futura historiadora y amante del arte no deja de preocuparme todo lo que se está perdiendo en estos cuatro años de conflictos. Conflictos que llevan abiertos desde la época en la que se realizó esta mezquita, entre los sunníes, rama mayoritaria del Islam y los chiíes. Sus problemas empezaron con la elección del sucesor de Mahoma en el siglo VI y llegan hasta hoy, mezclado con otros problemas contemporáneos. Espero de corazón que un país devastado por la guerra algún día se recupere, aunque los 220.000 muertos,  los millones de refugiados y la multitud de supervivientes en depresión y con trastornos psicológicos no se olvidan.


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