dissabte, 10 de maig de 2014

2001: Una odisea del espacio (2001: A Space Odyssey, 1968) de Stanley Kubrick



"Si el hombre simplemente se sentara y pensara en su fin inmediato y en su horrible insignificancia y soledad en el cosmos, seguramente se volvería loco, o sucumbiría a un entumecedor o soporífero sentido de inutilidad. Porque, podría preguntarse: ¿por qué debería molestarme en escribir una gran sinfonía o luchar para ganarme la vida, o incluso amar a otro, cuando no soy más que un microbio momentáneo en una mota de polvo dando vueltas por la inmensidad inimaginable del espacio?"

Stanley Kubrick


El descubrimiento de un enorme monolito negro enterrado en la luna despierta la curiosidad de la comunidad científica de un futuro no muy lejano. El misterioso objeto emite grandes señales hacia Júpiter, lo que incentiva el primer viaje jamás realizado por el hombre al lejano planeta.


2001: Una odisea del espacio es, probablemente, el mayor hito del cine de ciencia ficción y, sin duda alguna, la mayor obra maestra que nos legó el reputado director estadounidense Stanley Kubrick. Rodada en los estudios británicos de la Metro-Goldwyn-Mayer, Kubrick se encargó de la producción, la dirección, el guión -en colaboración con Arthur C. Clarke, cuya novela corta inspiró el filme- y del diseño de los espectaculares efectos especiales, en gran parte todavía vigentes hoy, cuarenta años después.
Pero, ante todo, 2001... destaca por su hondura argumental y la densidad de su significado, que obliga al espectador a llevar a cabo un ejercicio intelectual de enorme esfuerzo y a revisar la cinta con tal de comprender, o tratar de hacerlo, el significado real de la misma. 

En su inicio, la película se sitúa millones de años atrás, justo antes del surgimiento del homo sapiens. Aquí aparece un grupo de primates que luchan día a día por su supervivencia ante la basta extensión de la naturaleza y los peligros salvajes de la misma. En un momento dado, estos primates descubren un monolito negro en medio de la tierra. Su sorpresa es absoluta, pero la influencia de este extraño "ser" llevará a uno de ellos a desarrollar su inteligencia hasta el punto de adquirir el dominio de la primera de la herramientas, lo que conducirá a su especie a la hegemonía territorial. 


En este preciso instante se produce un salto temporal que nos deja en un futuro muy cercano en el que el hombre tecnológico ha conquistado el espacio. Los científicos estadounidenses hallan un nuevo monolito enterrado en la luna, y descubren que éste emite fuertes señales hacia el planeta Júpiter. Ante esto, la NASA envía una nave ultramoderna y manejada por una computadora de la serie HAL 9000 -unas máquinas que jamás han registrado un error- en la primera misión a Júpiter de la historia.


Este viaje y las relaciones entre los tripulantes y el ordenador HAL ocupará la parte central del filme. En él, Kubrick se aleja momentáneamente de la intriga relacionada con la aparición del segundo monolito y realiza una profunda reflexión sobre el conflicto inteligencia humana-inteligencia artificial. La máquina HAL ha sido dotada de una inimaginable capacidad, pero se niega a admitir un error de cálculo y, ante la posibilidad de ser desconectada -el equivalente a la muerte- decide acabar con la vida de los humanos que viajan con ella. Pese a que esta trama no deba considerarse más que como un subargumento, plantea cuestiones de enorme relevancia que siguen vigentes hoy e invitan a profundas reflexiones al espectador. 


Cuando el doctor Bowman (Keir Dullea) -comandante y único superviviente de la expedición- consigue desconectar a HAL, descubre mediante un mensaje programado la verdadera intención de su viaje al planeta Júpiter -hasta entonces sólo conocida por el ordenador central. Ante su estupor, Bowman ve aparecer un nuevo monolito, e inicia un viaje cósmico y misterioso a través del espacio y el tiempo. Al concluir este viaje, un abstraído Bowman se contempla a sí mismo en una enigmática habitación de corte clásico. Éste envejece rápidamente, hasta que en su lecho de muerte señala la imponente presencia de un nuevo monolito negro. 


Siguiendo este crucial momento, observamos el nacimiento de un nuevo hombre, un nuevo ser, superior al hasta entonces conocido, que contempla la tierra en su grandeza y majestuosidad. Por lo tanto, la aparición de los monolitos es el elemento clave del filme, pues determina los grandes cambios evolutivos de la historia de la humanidad. El paso del primate al homo sapiens y el paso del hombre actual a una nueva especie superior en un futuro próximo, el hombre del espacio. En este segundo caso, precedido de otros monolitos que guían al hombre, nuevamente, hacia su destino. Las interpretaciones que se pueden dar a esta circunstancia oscilan entre la existencia de una divinidad, de vida inteligente más allá del hombre que ejerce las funciones de guía, etcétera. En cualquier caso, ello dependerá de los ojos del espectador. 


Los aspectos técnicos del filme están a la altura del argumento del mismo. Como apuntábamos anteriormente, los efectos visuales de la película están a años luz del cine de la época, y resulta sumamente sorprendente que aún hoy parezcan tan modernos. Las proezas técnicas y mecánicas de Kubrick y su equipo dotan a la cinta de un realismo simplemente impecable, lo cual es digno de elogio, más aún teniendo en cuenta que la historia acontece mayormente en el espacio. La asombrosa capacidad de Kubrick y Douglas Trumbull para diseñar los efectos especiales les valió el premio de la academia de Hollywood, entre muchos otros elogios. 

La deslumbrante fotografía de Geoffrey Unsworth y la excelente selección musical a la que nos acostumbró Kubrick -la película cuenta con pasajes de Johann Strauss Jr., Richard Strauss, György Ligeti o Aram Khatxaturian que acompañan distintos momentos del filme- completan el deleite para los sentidos que supone el visionado de 2001...

A día de hoy, la película forma parte de la iconografía de nuestra sociedad, y momentos como las enigmáticas apariciones de los monolitos, el viaje espacial al ritmo de El Danubio azul o el penetrante "ojo" de HAL restarán en la memoria de todos los afortunados que hayan visto esta obra de arte. Brillante, abrumadora, única.... Definir 2001... en pocas palabras resulta un ejercicio agotador e inútil, pues es del todo imposible. 





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