• Hay que estar bien alerta con todo intento de enmarcar un conflicto como es en este caso el de género, especialmente si se trata de uno con apariencia progresista.
  • La trabajadora actual vive en un mundo globalizado, víctima de la precariedad laboral y solo pudiendo sentirse parte de un proceso económico, sin una identidad cultural a la que aferrarse.
  • El sexo, el género, binario o no binario, fluido... tras el auge de luchas como la feminista o por la libertad sexual, muchas han sido las realidades de este tipo que se han puesto sobre la mesa.
  • Es importante retener 2 concepciones de la naturaleza del ser humano, la social, que constituye la base de la educación, y la política, que contribuye a la extensión de susodicha educación; porque, son 2 elementos fundamentales en la construcción y salud del sistema democrático.
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21 junio 2015

Luna de papel (Paper Moon, 1973) de Peter Bogdanovich



"Triste puedo estar solo; para estar alegre necesito compañía"

Elbert Hubbard 


En el oeste de Estados Unidos, durante los años de la gran depresión y la ley seca, un estafador que se dedica a vender Biblias a las viudas (Ryan O' Neal) se ve obligado a hacerse cargo de una niña huérfana (Tatum O' Neal), cuya madre fue una antigua amante suya. En el trayecto hasta Missouri, donde vive la tía de ésta, nace una amistad entre los dos protagonistas propiciada por los pequeños golpes que van dando por todo pueblo que visitan.


Peter Bogdanovich, cuya reputación se sustenta en su labor de crítico cinematográfico pero también en las películas de éxito que dirigió en los años setenta, emprendió este proyecto de la Paramount -que inicialmente contaba con la dirección de John Huston- e involucró a Ryan O' Neal, actor con quien había trabajado anteriormente, y a su hija, cuyo excelente trabajo seria reconocido por la academia de Hollywood con el premio a mejor actriz secundaria más precoz hasta el momento. 

La película, ambientada en un contexto histórico muy particular de la historia de Estados Unidos -el de los años treinta- y que juega un gran papel en el transcurso de los hechos que en ella se cuentan, está basada en la novela de Joe David Brown, y cuenta, en forma de Road Movie, la relación entre un estafador de poca monta, sin escrúpulos y desencantado de la vida y una niña que pese a haber perdido a su madre ve con ilusión el futuro y la nueva aventura que tiene por delante.

Todos los personajes secundarios que aparecen en ella desaparecen sin excesiva trascendencia, pues el elemento focal del filme es la evolución de la relación humana -muy conseguida y eficaz, por cierto- entre los dos principales.


Las reticencias iniciales dan pie a una cierta colaboración que les permite ganarse mejor la vida, pero no tardan en llegar las desavenencias y los conflictos, resueltos finalmente por el amor casi paterno-filial que nace entre ambos. Como resulta lógico, la joven huérfana está abierta a esta circunstancia desde el primer momento, e incluso pregunta a Moses -así se llama el "vendedor"- si es su padre biológico. Éste, sin embargo, trata de deshacerse de la niña desde un inicio. Es una suerte de free rider que lo único que desea es seguir su camino sin que nadie le moleste y preocuparse únicamente de como ganarse el pan del mañana.

Se dice que fue Orson Welles, amigo y gran referente de Bogdanovich, quien aconsejó que la película fuera rodada en blanco y negro a través de un filtro rojo para añadir contraste a las imágenes. Lo cierto es que la labor del director de fotografía -Laszlo Kovacs- y el resultado final son muy destacables.


Al parecer Bogdanovich también consultó con Welles el nombre de la película -la novela original se titula "Addie Pray" pero al cineasta neoyorquino no le convencía para el filme y buscó una alternativa- y éste le respondió con sorna que "Paper Moon" era tan bueno que no hacia falta ni rodar la cinta, pues podía venderlo por sí mismo.

Afortunadamente no le hizo caso y hoy podemos gozar de una notable película que obtuvo una enorme recepción por parte de la crítica internacional y, especialmente, por la estadounidense.






11 marzo 2015

Down by Law (Bajo el peso de la ley) (Down by Law, 1986) de Jim Jarmusch



"Al hombre perverso se le conoce en un solo día; para conocer al hombre justo hace falta más tiempo"

Sófocles


Tres hombres terminan encarcelados por razones más bien desafortunadas. Su convivencia no será sencilla, pero finalmente encontrarán una forma de huir de su reclusión y vivir una aventura en forma de frenética y particular escapada. 


Hermosa fábula acerca de la soledad, la camaradería y la justicia situada en los barrios bajos de Nueva Orleans, la prisión y los lagos y bosques de Louisiana. La película se inicia con una serie de travellings laterales que nos muestran la podredumbre de los malos barrios de la ciudad y que nos presentan a los personajes que nos acompañaran a lo largo del filme. Todo ello ambientado por la música de Tom Waits, quien precisamente interpreta a uno de los protagonistas.

Como decimos, toda la cinta gira entorno a tres hombres que han sido encarcelados en circunstancias cuanto menos curiosas. Los protagonistas son:

-Zach (Tom Waits), un DJ fracasado que acaba de separarse de su pareja y que, en un estado de considerable embriaguez, acepta llevar un coche de lujo a la otra punta de la ciudad a cambio de una buena cantidad de dinero. Con lo que él no cuenta, claro, es con el cadáver que lleva en el maletero.

-Jack (John Lurie), un chulo de poca monta pero con grandes ambiciones que cae estúpidamente en una trampa y es encerrado por abuso de menores, siendo completamente inocente. 

-Roberto (Roberto Benigni), un turista italiano con evidentes problemas al hablar inglés que matará accidentalmente a un hombre en una reyerta tras una partida de cartas.


Al principio la convivencia entre los tres será complicada. Zach y Jack actúan como dos gallos y llegan incluso a pelear, mientras que el optimismo de Roberto -este es el personaje que da un aire cómico a la historia- llegará a desquiciarles a ambos. Aún así no tendrán más remedio que soportarlo, e incluso lo agradecerán cuando éste les hable de su plan para evadirse de la cárcel. En su huida veremos crecer la amistad entre los tres hombres, aunque los conflictos, principalmente inspirados por el ego de los mismos, no cesarán.

Esta es la maravillosa e inspiradora historia que construye el particular director de Ohio Jim Jarmusch, un excelente cineasta que da una lección en Down by Law sobre como hacer un cine "fresco", personal y reflexivo.


Destacan además el excelente trabajo de cámara, la fotografía de Robby Müller y la música a cargo de John Lurie y Tom Waits. La película llegó a ser nominada para la Palma de Oro del Festival de Cannes del ochenta y seis, aunque el premio fue a manos de La misión (The Mission, 1986) de Roland Joffé. Hoy en día es considerada justamente como el trabajo más completo de su creador, un hombre que goza de fans y detractores por igual, pero al que no se le puede negar un gran talento. 

En definitiva, si tienen la posibilidad de acercarse a esta cinta no duden en hacerlo, pues se trata de toda una joya de la década de 1980 y de un clásico del cine independiente norteamericano. 





09 marzo 2015

La cosa (El enigma de otro mundo) (The Thing, 1982) de John Carpenter



"No puedo hacer nada más, solo esperar..."


Un equipo de investigadores estadounidenses destinados en la Antártida descubre una estación noruega cuyos integrantes han muerto en circunstancias difíciles de explicar. Allí mismo, encuentran un fósil que al parecer ha estado sepultado en el hielo durante miles de años. Pronto se darán cuenta de que aquello que terminó con los científicos escandinavos puede suponer igualmente su fin.


Al inicio del filme, el grupo de investigadores americanos encabezados por el piloto MacReady (Kurt Russell) recibe la enigmática visita de un helicóptero noruego que vuela extremadamente bajo. Al aterrizar, uno de los tripulantes sale enfurecido con un rifle tratando de disparar a un perro. Finalmente, los protagonistas se ven obligados a matarlo al creer que se ha vuelto loco, y adoptan al perro como a uno más de los suyos. Tras la visita al campamento noruego y estudiar los extraños organismos que han hallado allí, todo el grupo se encuentra en un estado de nerviosismo razonable teniendo en cuenta las extrañas circunstancias que están teniendo lugar. Pero el terror empezará realmente cuando el perro mute en una asquerosa criatura capaz de adquirir la apariencia de cualquier ser vivo.

Tras esta introducción inicial de unos treinta minutos, sensacionalmente conducida por John Carpenter, la película se centrará en las relaciones de desconfianza que se generan entre el grupo de protagonistas. Al desconocer, unos y otros, si el compañero que tienen al lado es humano o una simple imitación de la criatura, la tensión irá in crescendo hasta la mismísima escena  final del filme. 


Nos atrevemos a decir sin demasiados tapujos que La cosa es el mejor filme del director neoyorquino y uno de los más grandes referentes del cine de ciencia ficción/terror de los últimos treinta y cinco años. Con unos personajes perfectamente definidos, un tempo avasallador y un inteligente guión gentileza de Bill Lancaster, la película ofrece dosis de terror, acción e intriga por igual. La subyugadora banda sonora de Ennio Morricone, apoyada por los sintetizadores del propio Carpenter contribuyen decisivamente a la lograda atmósfera del filme.

Alguien podrá argumentar, ventajosamente, que los viscerales efectos especiales de la cinta han envejecido y que por ello la historia pierde vigencia vista en nuestros días. Ciertamente, han envejecido, pero no tan mal como para restarle valor a un filme que de buen seguro resultó impactante en el momento de su estreno. Y aunque así fuera, déjenme decirles que hoy ya no se hacen cintas de género de tan alta categoría.  


De entre las muchas buenas escenas de la película, nos quedamos con aquella en que MacReady propone una prueba para averiguar quién es humano y quién no. La tensión es tan alta entre esos hombres que se sube por las paredes. 

Lo dicho, un clásico que merece la pena revisitar una y otra vez.






19 febrero 2015

Están vivos (They Live, 1988) de John Carpenter



"Les ves en la calle. Les ves en televisión. Incluso puedo que les votes este otoño. Crees que son gente como tú. Estás equivocado. Terriblemente equivocado" 



Un trabajador (Roddy Piper) encuentra casualmente una gafas de sol que le permiten ver la realidad tal como es. Así es como descubre que una raza de alienígenas se ha estado haciendo pasar por humanos y ha plagado el planeta de mensajes subliminales con el objeto de convertir a los hombres en esclavos y utilizar su producción para beneficio propio. 


Sensacional sátira anti-capitalista de uno de los maestros del género de terror y ciencia ficción de los años ochenta, John Carpenter. Con un guión escrito por el propio cineasta y basado en una historia de Ray Nelson, el neoyorquino realiza una mordaz crítica al consumismo, los valores individualistas y la explotación laboral consecuencia del sistema económico capitalista. Para ello, introduce una historia bastante discutible de extraterrestres que juegan el papel social de los grandes empresarios, los policías o los servicios militares, entre otros. 

Nada es una suerte de free rider sin oficio ni lugar donde hospedarse que anda por las calles de Nueva York en busca de "su oportunidad", como él mismo confiesa a Frank (Keith David), un compañero de la obra mucho más concienciado socialmente que él. Tras un ataque policial a una especie de asamblea de trabajadores -más tarde descubriremos que ellos ya conocían a los "extraterrestres" y trataban de combatirlos-  el protagonista descubre unas enigmáticas gafas de sol que le permiten ver a los susodichos monstruos, pero también todos aquellos mensajes subliminales que mediante la publicidad se han introducido irremediablemente en la mente de todos los ciudadanos con el único objeto de alienarlos y controlar sus comportamientos. 


Así, descubrimos mensajes como obedece, compra o no pienses en los billetes, las revistas, los carteles publicitarios, la televisión, etc. A partir de este momento -el más interesante del film-, se desarrolla toda la trama de ciencia ficción que en si no tiene mayor interés y que no está especialmente lograda. Pese a ello, la cinta sigue muye vigente en todo lo que respecta a su contenido ideológico.

En cuanto a sus características formales, comentar que la ineficaz interpretación de Piper y lo endeble de la trama de alienígenas se ve suplido por la astucia y excelencia narrativa de Carpenter y por la característica banda sonora compuesta por el propio director, como en muchas de sus otras películas. 


Una escena a destacar: la pelea en un callejón entre Nada y su amigo Frank cuando el primero de estos trata de convencer al otro para que se ponga las gafas y vea la realidad. Frank se niega, temeroso de ella, argumentando que Nada está loco si cree que con unas gafas verá algo distinto. Así, ambos se ven abocados a una larga brega que termina con dos tipos molidos pero con sus respectivas gafas en los ojos. 





10 febrero 2015

Sangre fácil (Blood Simple, 1984) de Joel Coen



"El crimen hace iguales a todos los contaminados por él"

Marco Anneo Lucano


La historia se sitúa en Texas. Allí, una joven (Frances McDormand) que está casada con el propietario de un local (Dan Hedaya) se convierte en la amante de uno de sus empleados (Joh Getz). Al enterarse de la situación gracias a un detective privado (M. Emmet Walsh), el marido de ésta preparará un plan para asesinarlos a ambos. 


Sangre fácil fue el exitoso debut en las grandes pantallas de los hermanos Coen, una de las parejas de cineastas más celebradas del panorama cinematográfico actual. Tras ser rechazado por todos los grandes estudios de Los Ángeles, los hermanos de Minnesota consiguieron distribuir su primer trabajo en los Festivales de Nueva York y Toronto, cosechando éxito tras éxito hasta llevarse el Gran Premio del Jurado en Sundance. 

Con aires del mejor cine negro -un guión enrevesado, asesinatos, un trágico romance, los constantes claroscuros, etc.- Blood Simple destaca especialmente por la atmósfera que acompaña a toda la historia, que más allá de esto no presenta demasiadas novedades respecto a los thrillers clásicos -a parte de un par de malentendidos entre los personajes principales que propician diversos giros del guión. Como decimos, todos los elementos se conjugan a la perfección para crear una densa, trágica y patética atmósfera que ensalza el trabajo de cámara -siempre excelente, como se ha podido comprobar posteriormente- de Joel Coen. A todo ello contribuyen sobremanera la fotografía de Barry Sonnenfeld -habitual colaborador de los hermanos- y la melancólica música de Carter Burwell.

  
Pese a la excelencia visual del filme, podríamos achacarle algunos defectos en el irregular desarrollo de la historia, que son los que impiden que hablemos de una cinta de absoluta referencia. Aunque la base del guión es buena y la película contiene escenas para el recuerdo -como aquella de casi quince minutos de duración en que Ray, el amante, transporta el cuerpo de Julian, el marido, dispuesto a enterrarlo y se da cuenta de que aún está vivo, todo ello sin el uso de palabras, solo cine en estado puro y tensión a raudales-  el interés de la trama es irregular y los Coen no consiguen la continuidad que si tendrían algunos de sus posteriores filmes.



Con todo, Sangre fácil nos parece un notable filme que posee esa distintiva capacidad de gravarse en la retina del espectador y obligarlo a dar vueltas sobre él una y otra vez. Sus personajes, cuyo trágico destino parece anunciarse desde el primer momento, vagan por la vida sin un destino claro, incapaces de dominar sus emociones y establecerse un camino propio, lejos de todas las oscuras circunstancias que les atan a ese lúgubre local tejano. 

En definitiva, un filme nada desdeñable que iniciaba la exitosa trayectoria de dos cineastas que se mantuvieron en los más alto del cine estadounidense a finales del Siglo XX.






08 febrero 2015

Remordimiento (The Broken Lullaby, 1932) de Ernst Lubitsch



"El odio es lo que suscita contiendas, pero el amor cubre hasta todas las transgresiones"


Paul Renard (Phillips Holmes) es un joven francés que ha participado en la I Guerra Mundial y que vive obsesionado por el recuerdo de un soldado alemán al que asesinó con su bayoneta. Tras acudir a la iglesia para confesarse, llega a la conclusión que la única forma de liberarse de sus remordimientos es visitar a la familia del chico al que mató en Alemania.


Lubitsch -no hay que olvidar que el cineasta era berlinés- nos muestra en The Broken Lullaby a un pueblo alemán encolerizado por la derrota y lleno de odio por la humillación sufrida tras ésta. La familia Holderlin no es una excepción, y cuando reciben la visita de Paul la primera reacción del padre (un pletórico Lionel Barrymore) es la del más absoluto desprecio. Siendo así, contar la verdad todavía le resultará más difícil al protagonista, que acabará inventando que conocía al joven Walter de los tiempos en que estudiaba en el conservatorio de París. A partir de este momento, la actitud de los Holderlin cambiará por completo, verán en Paul a un nuevo hijo y lo aceptarán en su familia pese a la oposición de todo el pueblo, que sigue viendo en él a uno de los franceses que asesinó a los hijos de su patria.


Cuando uno piensa en Ernst Lubitsch lo primero que se le viene a la cabeza son aquellas maravillosas y sofisticadas comedias de los años treinta y cuarenta; inigualables, repletas de ese indescifrable toque Lubitsch que las distingue de cualquier otra cinta del género y que le identifican como uno de los cineastas más grandes de la primera mitad del Siglo XX. Siendo así, puede sorprender el hecho de que el berlinés dirigiera este estupendo drama anti-belicista, lo cual es razonable, pues aunque Lubitsch dirigió numerosos dramas en su etapa alemana y en el cine mudo, la película que aquí nos ocupa es su único film dramático sonoro. Aún así, Remordimiento es un excelente alegato en favor del amor y en contra del odio entre los pueblos que se erige como uno de los títulos más destacados de su célebre autor.

Se trata de un drama sencillo en sus formas, de acuerdo, pero no se puede negar su elegancia ni la absoluta riqueza de sus ideas, más aún si se tiene en cuenta que fue producida en el periodo de entreguerras y en pleno auge del fascismo en Alemania. De entre todas las escenas del film, nos quedamos con aquella en que el Doctor Holderlin entra en el bar del pueblo y se encuentra con la desaprobación de sus amigos por la cordialidad mostrada ante el visitante francés. Al darse cuenta de la situación, el Doctor les responde con un emotivo discurso que pone de relieve el absurdo del odio entre los hombres, pues éste no genera más que dolor y nuevamente odio. Al finalizarlo, un joven herido de guerra que se encuentra en la otra esquina del bar se levanta costosamente con sus muletas, se acerca a Holderlin y le da la mano en muestra de gratitud por sus sabias palabras. Una escena para reflexionar, y mucho.


En definitiva, un emotivo filme que ensalza los valores que nos hacen a todo humanos, y por lo tanto a todos iguales, y que evidencia el absurdo de una guerra cuyas únicas consecuencias, además de los nueve millones de muertes, fueron la destrucción de centenares de miles de vidas; la de todos aquellos que perdieron a un hijo, a un esposo o a un amigo para siempre. Más que recomendable.





05 febrero 2015

Whiplash (ídem, 2014) de Damien Chazelle



"¿No serán acaso los exitosos en realidad los fracasados, y los fracasados, exitosos ninguneados?"


Cristian Warnken


Andrew Neiman (Miles Teller) es un ambicioso y perseverante baterista de jazz que se ha marcado como gran meta en su vida triunfar en el mundo de la música y convertirse en "uno de los grandes". Cuando cursa primero en uno de los mejores conservatorios del país se encuentra con el profesor Terence Fletcher (J.K. Simmons), el más talentoso y exigente entre los docentes del mismo, quien le elegirá para ser el batería suplente de su conjunto.


La realización de Whiplash le ha resultado posible al director y guionista de la misma, Damien Chazelle, gracias al extraordinario éxito obtenido en el Festival de Sundance de 2013 con un cortometraje basado en un extracto del guión original del filme. Pese a ello, no se trata de su debut en las pantallas, sino de su segundo trabajo, ya que en 2009 dirigió Guy and Madeline on a Park Bench, un filme independiente escasamente conocido. Hay que decir que éste también giraba entorno a la música, más concretamente al jazz, y que por lo que podemos leer en Internet el próximo proyecto de Chazelle, que ha hallado el éxito con Whiplash, también será una película relacionada con dicho género. Sus intereses, pues, están bien definidos. 

En la película que nos ocupa nos encontramos con dos personajes, Andrew y el profesor Fletcher, destinados a enfrentarse, pero no tanto por el trato que el primero recibe del otro, sino por sus destinos encontrados y el férreo carácter de ambos. Andrew es un muchacho que tras una infancia difícil ha encontrado en la música su pasión y vía de escape. Sueña con convertirse en uno de los más grandes intérpretes del jazz y está dispuesto para ello a esforzarse hasta límites insospechados -ahí quedan esas sufridas escenas en que el joven practica sin parar hasta derramar sangre en sus manos. Por otro lado tenemos al profesor Fletcher, un individuo que desde el primer momento nos desvela su antipático carácter. Un hombre que cree sinceramente que el mejor modo de elevar a un intérprete a la categoría de genio es el de forzar a sus alumnos hasta límites éticamente más que cuestionables. A lo largo del metraje le vemos insultar a sus chicos, gritarles delante de sus narices, reírse de sus defectos físicos y de sus problemas familiares e incluso lanzarles objetos con la única idea de sacar lo máximo de estos.

   
Así pues, la película nos invita a reflexionar acerca del mundo de la música y el arte, sobre cuestiones éticas relacionadas con el trato que hay que dar a los jóvenes talentosos y cuales son las líneas rojas que nadie puede cruzar, aunque su cruzada sea la de encontrar a un nuevo Charlie Parker o un Louis Armstrong. ¿Con que intención lo hace el director? ¿Quizá trata de justificar la actitud de Fletcher? ¿Quizá, y por el contrario, se trata de una crítica a los valores ultra individualistas de Estados Unidos que contraponen el éxito al más absoluto fracaso? Que cada uno saque sus propias conclusiones, aunque, como dijo Roberto Rossellini: "Un espíritu libre jamás puede aprender como un esclavo".


Nuestra conclusión es que Whiplash -canción que toca la banda de Fletcher, dando nombre al filme- es una buena película, que invita a ricas reflexiones y de la que se pueden destacar la sensacional interpretación de J.K.Simmons, el montaje de Tom Cross y la banda sonora de Justin Hurwitz. El duelo final entre los dos protagonistas, además, resulta un clímax más que efectivo.






23 enero 2015

Magia a la luz de la luna (Magic in the Moonlight, 2014), de Woody Allen


Siempre fiel a mi cita anual con Woody Allen y todavía encantado por lo bonita (y dramática) que fue Blue Jasmine, decidí hacer caso omiso a las críticas que decían que la nueva película del director neoyorquino no valía la pena y me fui a ver su nuevo film llamado 'Magic in the Moonlight'.

He de reconocer que soy un gran fan de Woody Allen, pero también soy muy crítico con algunas de sus películas contemporáneas ('Vicky Cristina Barcelona' y 'A Roma con amor' me parecen infumables), así que no me importaba rajar de su nueva película, pues siempre me quedarán sus clásicos para verlos una y otra vez. Pese a eso, 'Magic in the Moonlight' no estará entre los fracasos de Woody Allen (tampoco entre los grandes éxitos), y la razón es que es una película sencilla, divertida y amena pero con un pequeño defecto: al igual que el protagonista, se trata de creer o no.



La historia se sitúa en un momento y lugar histórico que no es nuevo para Woody Allen: la Francia de los años 20. La historia la protagoniza un mago (Colin Firth) conocido en todo el mundo por sus espectaculares trucos de magia que, convencido por un amigo, se decide a desenmascarar a una médium (Emma Stone) que dicen que puede hablar con los muertos. Entre estos dos personajes surgirá una curiosa historia de amor que trastocará las ideas preconcebidas del mago, siempre anclado en la razón y en la idea de que la muerte es el final del viaje.

La película está impecablemente ambientada, con unos coches remodelados al más puro estilo Gran Gatsby y con una banda sonora llena de jazz que ayuda a que el ya de por sí escaso metraje de las películas de Woody Allen, sea aún más llevadero.



Los actores están correctos y en algunos momentos llega a haber cierta química entre ellos (escena del observatorio), pero tampoco hay ninguna actuación a destacar. Uno no puede dejar de pensar que el papel de Colin Firth, malhumorado, neurótico e inteligente está escrito para que sea el propio Woody Allen el que lo interprete, tal y como hemos visto tantas otras veces. Si sólo tuviera 30 años menos... En cuanto a Emma Stone, decir que está bastante aceptable en su papel de médium, parece incluso que a Woody Allen le ha gustado mucho ya que la ha hecho su nueva actriz fetiche y está confirmada para la próxima película del director, todavía sin título, que saldrá a finales de este año y que coprotagonizará con Joaquin Phoenix.




En resumen, Magic in the Moonlight es una película entretenida, en ciertos momentos graciosa, con unas maravillosas vistas a la costa azul y que sí, hacedme caso, vale la pena ver.

09 enero 2015

El Hobbit: La desolación de Smaug (The Hobbit: The Desolation of Smaug, 2013) de Peter Jackson



"La fantasía es, como muchas otras cosas, un derecho legítimo de todo ser humano, pues a través de ella se halla una completa libertad y satisfacción"

J.R.R. Tolkien


Bilbo Bolsón (Martin Freeman) continúa su viaje junto al mago Gandalf (Ian McKellen) y trece enanos en una épica tentativa de recuperar el reino de Erebor. En esta ocasión, encontrarán múltiples peligros, entre los que destaca la temible presencia del dragón Smaug.


Visto lo visto en la primera parte de esta nueva trilogía de Peter Jackson basada en la obra de Tolkien, había que ser muy optimista para esperar gran cosa de La desolación de Smaug. Aquellos que éramos más escépticos teníamos razón al prever que el director neozelandés volvería a estirar la cinta de forma incomprensible en un vano intento por igualar la épica de la trilogía de El señor de los anillos. El error de Jackson y sus colaboradores es de cajón, ¿cómo se puede pretender realizar un filme dividido en tres partes, con un total de más de ocho horas de duración, a partir de un libro relativamente breve que no es más que un cuento? Para conseguirlo, introducen en la historia acontecimientos inexistentes en el texto original, la presencia de algunos personajes que favorecerán la taquilla -véase Légolas, interpretado por Orlando Bloom- y un ridículo triángulo amoroso que resulta patético. Cosas de Hollywood.

Resulta triste pero es así, las pretensiones de los autores de este filme son enormes, y los resultados mediocres. Ni tan sólo en esta ocasión los aspectos técnicos salvan la función, pues a parte de resultar artificiales -y artificiosos- no aportan nada a la continuidad de una torpe narración incapaz de conjugar los momentos de acción con las pausas y las construcciones de nuevas situaciones dramáticas.


No seremos nosotros quienes defendamos que hay que adaptar al cine las obras literarias al pie de la letra. Al contrario, el cine es un arte perfectamente maduro y puede, sin lugar a dudas, aportar su visión -o la de los respectivos autores- de los clásicos literarios, pero una cosa es reformular un escrito, enfocarlo distintamente o aportar una visión personal del mismo, y otra muy distinta es ampliarlo por motivos comerciales incluyendo fragmentos que rozan el ridículo.

En fin, quizá lo peor de todo sea que el éxito cosechado por esta cinta fuera más que notable, tanto en el sentido económico como en lo que respeta al público y a ciertos sectores de la crítica -la afín a Hollywood, claro.

No nos quedemos sólo con lo malo: Los efectos sonoros resultan notables y seguramente visualizar la película en 3D pueda ser una experiencia más entretenida que el visionado convencional.





16 noviembre 2014

Interstellar (ídem, 2014) de Christopher Nolan



"Cada película debe tener su propio mundo, una lógica y sentir que se expande más allá de la imagen exacta que el público está viendo"

Christopher Nolan


En una época apocalíptica en la que el futuro de la humanidad corre serio peligro, un grupo de exploradores liderados por el piloto Cooper (Matthew McConaughey) y la científica Amelia (Anne Hathaway) son enviados a otra galaxia en una misión desesperada por encontrar un planeta que cumpla las condiciones necesarias para la vida humana.


Christopher Nolan traslada sus habituales reflexiones -¿o deberíamos decir obsesiones?- acerca de la relación entre espacio y tiempo al espacio exterior -valga la redundancia- en una ambiciosa cinta que sin duda no alcanza las cuotas pretendidas por su realizador.

Por la red se pueden leer las más entusiastas críticas acerca de Interstellar, incluyendo algunas que la califican de obra maestra. Nada más lejos de la realidad. El último filme de Nolan posee todos los tics clásicos de las grandes producciones estadounidenses: Un desmesuradamente heroico protagonista; escenas de acción completamente innecesarias que rompen, en este caso, con la atmósfera reflexiva de la historia; un guión pretencioso que flaquea por todos lados; un final excesivamente explicativo que ofrece demasiadas respuestas a unas preguntas que, por si fuera poco, carecían en su mayor parte de interés y los clásicos personajes secundarios con roles humorísticos.

En el caso que nos ocupa, además, hay que añadir una terrible previsibilidad de los acontecimientos y una más que excesiva duración, que nos mantiene tres largas horas ante el despropósito que vemos en pantalla.


Y se preguntaran ustedes: ¿Hay algo que salve el espectáculo? Pues sí, también hay cosas a destacar positivamente en Interstellar, aunque no sean muchas. Por un lado, los intachables efectos especiales, con imágenes que recuerdan irremediablemente a 2001: Una odisea en el espacio, de la que este filme es deudor en el aspecto visual. También la composición musical de Hans Zimmer o la solvente interpretación de McConaughey -y eso que su personaje es de lo peor de la película- valen la pena.

Cuando hacia la mitad del metraje -y después de introducirnos la apocalíptica situación del planeta tierra- la historia se traslada al espacio, sus protagonistas empiezan a encontrarse con situaciones extremas que Nolan aprovecha para inducir reflexiones acerca del paso del tiempo, el amor o la misma humanidad. La realidad, empero, es que el director y guionista londinense no es Andrei Tarkovsky, y sus pensamientos trasladados a esta película resultan de escaso interés intelectual.


El tramo final, en el que el protagonista y su hija son quienes salvan nuestra especie, resulta hasta bochornoso, tanto por previsible como por tópico. Pongan en una coctelera Gravity, Origen y una versión fallida y hollywoodiense de 2001: Una odisea en el espacio y Solaris y obtendrán como resultado Interstellar, seguramente el peor trabajo de Christopher Nolan.





17 septiembre 2014

Retorno al pasado (Out of the Past, 1947) de Jacques Tourneur



"El jefe de esa banda no fue a vernos porque se creía muy importante; por eso y porque una chica le había herido disparándole cuatro tiros con su propia pistola"



Jeff Bailey (Robert Mitchum) es un antiguo detective que ahora regenta una gasolinera en un tranquilo pueblo de los Estados Unidos. Lleva una vida tranquila y serena y planea casarse con una joven vecina (Virginia Huston). Todo se complica cuando recibe la visita de un viejo conocido que le anuncia que el jefe (Kirk Douglas) quiere verle. A partir de ese momento Jeff tendrá que revivir su turbio pasado.


Si existe un clásico del cine negro cuyo visionado no puede ser eludido para los amantes del género, ese es Retorno al pasado. Dirigido por Jacques Tourneur -cineasta francés mundialmente reconocido por sus colaboraciones con Val Lewton en la RKO, esencialmente en el género de terror y fantástico-, el filme se erige como un perfecto ejemplo de todo lo que compone una obra noir clásica: La femme fatale (una excepcional Jane Greer), el amargo pasado del protagonista que resurge de entre las cenizas, el detective hábil y seguro que comete el único error de dejarse llevar por sus emociones etc.

También los elementos visuales y narrativos constituyen un ejemplo perfecto del género. Desde la espléndida fotografía de Nicholas Musuraca -inolvidable esa silueta de Mitchum que se desplaza por la oscuridad como pez en el agua- hasta la intrincada historia y sus numerosos giros argumentales.


Qué decir de la imponente figura de Robert Mitchum y del trabajo de un reparto en estado de gracia. La conjugación de todos estos elementos es la que acaba por formar el irrepetible clásico del que aquí hablamos. 

Cuando Jeff confiesa ante Ann su turbio pasado, Tourneur hace uso de los flashbacks para acompañarnos en los acontecimientos descritos por el protagonista. Tras ser disparado en múltiples ocasiones por su pareja Kathy y de que ésta huya con sus 40.000 dólares, Whit Sterling contrata a Jeff para que la encuentre y la traiga de nuevo a casa. Tras numerosos viajes Bailey da con ella en Acapulco, pero lejos de cumplir con su trabajo acaba enamorándose de Kathy. A partir de ahí se producen un seguido de giros argumentales entorno a la traicionera mujer y el dinero perdido por Whit.


El trágico final deja numerosas cuestiones por responder, enigmas típicos del cine negro acerca de la voluntad real del protagonista y sobre cuales eran sus verdaderos planes. Como decimos, un clásico ineludible que sin duda es una de las cumbres del cine norteamericano de los cuarenta.