• Hay que estar bien alerta con todo intento de enmarcar un conflicto como es en este caso el de género, especialmente si se trata de uno con apariencia progresista.
  • La trabajadora actual vive en un mundo globalizado, víctima de la precariedad laboral y solo pudiendo sentirse parte de un proceso económico, sin una identidad cultural a la que aferrarse.
  • El sexo, el género, binario o no binario, fluido... tras el auge de luchas como la feminista o por la libertad sexual, muchas han sido las realidades de este tipo que se han puesto sobre la mesa.
  • Es importante retener 2 concepciones de la naturaleza del ser humano, la social, que constituye la base de la educación, y la política, que contribuye a la extensión de susodicha educación; porque, son 2 elementos fundamentales en la construcción y salud del sistema democrático.
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30 mayo 2015

El fotógrafo del pánico (Peeping Tom, 1960) de Michael Powell



¿Sabes que es la cosa más aterradora del mundo? El miedo.


Mark Lewis (Carl Boehm) es un joven que trabaja como cámara en unos estudios de cine británicos y que aspira a ser director algún día. En su tiempo libre realiza fotografías pornográficas para el dueño de un quiosco y graba con su cámara de mano un enigmático documental. Mark es un perturbado que tiene como obsesión retratar las emociones humanas más extremas, especialmente el terror, y para ello asesinará a jóvenes muchachas mientras les filma un primer plano.


Terrorífica y rompedora cinta que en su día, y dentro del contexto de una sociedad ultra-conservadora como la británica, cosechó un tremendo fracaso de público y recibió las más duras críticas por parte de los expertos, además de sufrir los cortes de la productora. Afortunadamente el paso del tiempo la ha puesto en el lugar que merece y hoy su categoría de obra maestra del terror y la influencia que tuvo dentro del género están fuera de toda duda.

La película es un ejercicio sereno y sobrio, como era habitual en Michael Powell, acerca de cuestiones moralmente delicadas como el vouyerismo -de ahí el título original del film, Peeping Tom, expresión que usan los anglosajones para designar a la persona que realiza dichas prácticas-, la pornografía o el terror. Pero la cinta también gira entorno al fascinante mundo de la cámara, que aquí es prácticamente un actor principal, ya que Mark la lleva siempre con él y en numerosas ocasiones -nada más y nada menos que en la escena inicial, por ejemplo- el director nos muestra su punto de vista. La capacidad de ésta para captar las emociones humanas obsesionará al protagonista y al propio espectador durante los más de noventa minutos de metraje. 


El éxito de la película, empero, se sustentara en el realismo conseguido gracias al notable desarrollo psicológico de los personajes, en especial el del protagonista, un joven depravado que de pequeño sirvió como conejillo de indias a su padre, un científico que investigaba la psique humana y el mundo del sueño y las pesadillas. Por ello, Mark se ve desde muy pequeño enfrentado a la que posteriormente será su inseparable compañera, la cámara, puesto que su padre querrá rodar todo su proceso de crecimiento. Lo peor para el niño es que no se conformará con eso, sino que le provocará pesadillas y le despertará bruscamente para ver como reacciona y así poder grabarlo.

Estas torturas, sumadas a la prematura muerte de su madre, hacen de Mark el psicópata que ahora es, y que Michael Powell no trata de ocultar ni un momento, ya que en el inicio del filme nos descubre la identidad del asesino -otro elemento impropio de las cintas del género. Su interés no es que el espectador se pregunte quién es el asesino, sino cómo mata a sus víctimas y porqué.


En definitiva, una escalofriante cinta, con secuencias para el recuerdo -especialmente aquellas en que se cometen los crímenes, perfectamente elaboradas por Powell- y que marcó tendencia dentro del género de terror, en el que se tomó la técnica del punto de vista del asesino y su mentalidad perturbada como referencia para futuras producciones. La polémica que suscitó dentro del Reino Unido prácticamente dejó en stand by la brillante trayectoria de Michael Powell, que seguramente esta vez fue más allá de lo que los espectadores podían asumir. 






09 marzo 2015

La cosa (El enigma de otro mundo) (The Thing, 1982) de John Carpenter



"No puedo hacer nada más, solo esperar..."


Un equipo de investigadores estadounidenses destinados en la Antártida descubre una estación noruega cuyos integrantes han muerto en circunstancias difíciles de explicar. Allí mismo, encuentran un fósil que al parecer ha estado sepultado en el hielo durante miles de años. Pronto se darán cuenta de que aquello que terminó con los científicos escandinavos puede suponer igualmente su fin.


Al inicio del filme, el grupo de investigadores americanos encabezados por el piloto MacReady (Kurt Russell) recibe la enigmática visita de un helicóptero noruego que vuela extremadamente bajo. Al aterrizar, uno de los tripulantes sale enfurecido con un rifle tratando de disparar a un perro. Finalmente, los protagonistas se ven obligados a matarlo al creer que se ha vuelto loco, y adoptan al perro como a uno más de los suyos. Tras la visita al campamento noruego y estudiar los extraños organismos que han hallado allí, todo el grupo se encuentra en un estado de nerviosismo razonable teniendo en cuenta las extrañas circunstancias que están teniendo lugar. Pero el terror empezará realmente cuando el perro mute en una asquerosa criatura capaz de adquirir la apariencia de cualquier ser vivo.

Tras esta introducción inicial de unos treinta minutos, sensacionalmente conducida por John Carpenter, la película se centrará en las relaciones de desconfianza que se generan entre el grupo de protagonistas. Al desconocer, unos y otros, si el compañero que tienen al lado es humano o una simple imitación de la criatura, la tensión irá in crescendo hasta la mismísima escena  final del filme. 


Nos atrevemos a decir sin demasiados tapujos que La cosa es el mejor filme del director neoyorquino y uno de los más grandes referentes del cine de ciencia ficción/terror de los últimos treinta y cinco años. Con unos personajes perfectamente definidos, un tempo avasallador y un inteligente guión gentileza de Bill Lancaster, la película ofrece dosis de terror, acción e intriga por igual. La subyugadora banda sonora de Ennio Morricone, apoyada por los sintetizadores del propio Carpenter contribuyen decisivamente a la lograda atmósfera del filme.

Alguien podrá argumentar, ventajosamente, que los viscerales efectos especiales de la cinta han envejecido y que por ello la historia pierde vigencia vista en nuestros días. Ciertamente, han envejecido, pero no tan mal como para restarle valor a un filme que de buen seguro resultó impactante en el momento de su estreno. Y aunque así fuera, déjenme decirles que hoy ya no se hacen cintas de género de tan alta categoría.  


De entre las muchas buenas escenas de la película, nos quedamos con aquella en que MacReady propone una prueba para averiguar quién es humano y quién no. La tensión es tan alta entre esos hombres que se sube por las paredes. 

Lo dicho, un clásico que merece la pena revisitar una y otra vez.






19 febrero 2015

Están vivos (They Live, 1988) de John Carpenter



"Les ves en la calle. Les ves en televisión. Incluso puedo que les votes este otoño. Crees que son gente como tú. Estás equivocado. Terriblemente equivocado" 



Un trabajador (Roddy Piper) encuentra casualmente una gafas de sol que le permiten ver la realidad tal como es. Así es como descubre que una raza de alienígenas se ha estado haciendo pasar por humanos y ha plagado el planeta de mensajes subliminales con el objeto de convertir a los hombres en esclavos y utilizar su producción para beneficio propio. 


Sensacional sátira anti-capitalista de uno de los maestros del género de terror y ciencia ficción de los años ochenta, John Carpenter. Con un guión escrito por el propio cineasta y basado en una historia de Ray Nelson, el neoyorquino realiza una mordaz crítica al consumismo, los valores individualistas y la explotación laboral consecuencia del sistema económico capitalista. Para ello, introduce una historia bastante discutible de extraterrestres que juegan el papel social de los grandes empresarios, los policías o los servicios militares, entre otros. 

Nada es una suerte de free rider sin oficio ni lugar donde hospedarse que anda por las calles de Nueva York en busca de "su oportunidad", como él mismo confiesa a Frank (Keith David), un compañero de la obra mucho más concienciado socialmente que él. Tras un ataque policial a una especie de asamblea de trabajadores -más tarde descubriremos que ellos ya conocían a los "extraterrestres" y trataban de combatirlos-  el protagonista descubre unas enigmáticas gafas de sol que le permiten ver a los susodichos monstruos, pero también todos aquellos mensajes subliminales que mediante la publicidad se han introducido irremediablemente en la mente de todos los ciudadanos con el único objeto de alienarlos y controlar sus comportamientos. 


Así, descubrimos mensajes como obedece, compra o no pienses en los billetes, las revistas, los carteles publicitarios, la televisión, etc. A partir de este momento -el más interesante del film-, se desarrolla toda la trama de ciencia ficción que en si no tiene mayor interés y que no está especialmente lograda. Pese a ello, la cinta sigue muye vigente en todo lo que respecta a su contenido ideológico.

En cuanto a sus características formales, comentar que la ineficaz interpretación de Piper y lo endeble de la trama de alienígenas se ve suplido por la astucia y excelencia narrativa de Carpenter y por la característica banda sonora compuesta por el propio director, como en muchas de sus otras películas. 


Una escena a destacar: la pelea en un callejón entre Nada y su amigo Frank cuando el primero de estos trata de convencer al otro para que se ponga las gafas y vea la realidad. Frank se niega, temeroso de ella, argumentando que Nada está loco si cree que con unas gafas verá algo distinto. Así, ambos se ven abocados a una larga brega que termina con dos tipos molidos pero con sus respectivas gafas en los ojos. 





04 mayo 2014

La hora del lobo (Vargtimmen, 1968) de Ingmar Bergman




"La hora del lobo es el momento entre la noche y la aurora cuando la mayoría de la gente muere, cuando el sueño es más profundo, cuando las pesadillas son más reales, cuando los insomnes se ven acosados por sus mayores temores, cuando los fantasmas y los demonios son más poderosos..."



Johan Borg (Max von Sydow) es un pintor en plena crisis creativa que viaja a la isla de Farö con su esposa Alma (Liv Ullmann) para pasar el verano. Allí conocen a una peculiar familia, los siniestros Von Merken, que les invitarán a pasar la noche en su castillo.


Buscar una explicación plenamente racional a los filmes que Ingmar Bergman realizó en los años sesenta puede convertirse en un gran error. La hora del lobo se inicia con unos oscuros títulos de crédito acompañados de los típicos sonidos previos a la grabación de una escena. Esto mismo, debe entenderse como un aviso del director respecto a lo que estamos apunto de ver. Bergman nos va a presentar una ilusión, una película onírica que sigue la lógica de un sueño, o más bien de una pesadilla.

Alma, esposa del pintor, ejerce de narradora mediante la lectura del diario personal de su marido. En él se encuentran extrañas historias, claramente inspiradas en la obra de E.T.A Hoffman, que nos trasladan al interior de una mente enferma, torturada y enigmática.


El filme reflexiona acerca de la relación entre el artista y sus insaciables seguidores; el tormento espiritual que sufre el pintor, persona de gran sensibilidad, frente a las críticas por su trabajo, y también sobre el miedo que sufre éste al exponerse. Al fin y al cabo, estamos ante una película de terror, de terror psicológico y espiritual. Ninguno de los personajes que vemos en el castillo existe realmente, pues se encuentran en la psique de Johan, y son su gran tormento. 

Son muchas las virtudes a destacar de esta película; las sublimes interpretaciones que posee, el extraordinario trabajo de fotografía de Sven Nykvist, la aterradora banda sonora y por supuesto el guión (inmejorable, como siempre) de Bergman, y su trabajo tras las cámaras, que nos lega imágenes únicas y rompedoras y hace gala de un expresionismo efectivo e hipnótico.


También son muchas las escenas destacables, pues prácticamente podríamos hablar de cada una de ellas. En todo caso, destacaremos tres: El asesinato del niño por parte de un Johan desesperado (una de las escenas más brutales y a su vez geniales que un servidor haya visto), la representación en el castillo de un pasaje de La flauta mágica (una muestra más de la inteligencia del cineasta sueco y su capacidad para fundir las distintas artes en una sola), y el tramo final, en el que Johan acude al castillo en busca de su antigua amante, Verónica Vogler (Ingrid Thulin), y es humillado y vejado por los Von Merken.


Aterradora, angustiosa e hipnótica. Así es esta obra maestra de Ingmar Bergman, un viaje a la torturada psique de un artista y a su depredadora relación con el público. Decir que una película ocupa un puesto destacado dentro de la filmografía Bergmaniana ya es mucho, y La hora del lobo debe ser reconocida como tal. 






01 mayo 2014

La novia de Frankenstein (The Bride of Frankenstein, 1935) de James Whale




"Un director debe de ser bastante malo si no puede conseguir una emoción fuera de la guerra, el asesinato o el robo"

James Whale



Después de la huída del monstruo (Boris Karloff), el siniestro Dr. Praetorious (Ernest Thesiger) tratará de convencer al doctor Frankenstein (Colin Clavel) de la necesidad de dar una compañera a su primera creación. Así nacerá, la novia de Frankenstein.


Tras el rotundo éxito comercial de El doctor Frankenstein, la Universal presionó insistentemente a James Whale para que emprendiera una secuela que, de buen seguro, supondría enormes ganancias para la productora. Pese a las reticencias iniciales del director inglés, en 1935 acabó por aceptar el proyecto a cambio de una total libertad creativa en el transcurso del rodaje.

Esto último que apuntamos es el motivo principal para explicar el porqué La novia de Frankenstein posee un carácter más personal que su predecesora, mucho más anclada en el cine de género, y es el motivo principal por el que se considera esta película la cima de la obra de su autor. 


Distanciándose de los esquemas del género de terror, Whale dota a la cinta de tintes cómicos -principalmente de la mano del personaje de la ama de llaves del doctor Frankenstein (Una O'Connor)- convirtiendo esta secuela en un filme tragicómico que ahonda en los aspectos formales (expresionismo, dramatismo, etc.) y en los argumentales (vida y muerte, exclusión social, etc.) de su predecesora. 

En este caso, también encontramos escenas de gran calado, como el encuentro entre el monstruo y un solitario ciego -escena mil veces imitada y parodiada- o el instante de la creación de la novia, quien repudia inmediatamente al monstruo, dando pie al trágico final.


A parte del trabajo de Whale, hay que destacar la fotografía de John D. Mescall, la música de Franz Waxman (elemento clave en el éxito artístico de esta película) y la labor de maquillaje de Jack Pierce, quien nos lega un nuevo look -el de la novia de Frankenstein (Elsa Lanchester) - para la historia.

En resumen; pese a que las incursiones cómicas de las que dota al filme James Whale puedan parecer algo estrambóticas, este es un filme de enorme relevancia histórica y concebido para el goce visual y auditivo. Un clásico imprescindible. 



28 abril 2014

El doctor Frankenstein (Frankenstein, 1931) de James Whale



"Quien no haya experimentado la seducción que la ciencia ejerce sobre una persona, jamás comprenderá su tiranía"

Frankenstein, de Mary Shelley



El doctor Henry von Frankenstein (Colin Clive) es un brillante científico que está trabajando en un experimento que le permita dar vida a los muertos. Para ello, une partes del cuerpo de distintos cadáveres, creando una nueva figura humana (Boris Karloff). Su prometida (Mae Clarke) tratará de evitar que lleve a cabo tan macabro proyecto.


En la historia del cine se han realizado infinitas adaptaciones de clásicos de la literatura. Frankenstein de Mary Shelley es, sin lugar a dudas, una de las novelas que en más ocasiones se ha llevado a la gran pantalla. El primer precedente lo encontramos en 1910, cuando J. Searle Dawley se acercó a la obra de Shelley con un cortometraje de apenas 13 minutos de duración y escasa relevancia artística. Desde entonces, un extenso abanico de cineastas han ligado su nombre al de esta historia, como por ejemplo Terence Fisher, Kenneth Branagh o el propio James Whale. 

Si bien es cierto que la película que realizara Branagh en 1994 es la más fiel a la historia original, debemos decir que el filme que aquí tratamos es el más notable de todos ellos.


Las producciones que realizó la Universal en los años treinta sentaron las bases de lo que ha sido hasta hoy el cine de terror. Además del Frankenstein de James Whale, se debe recordar Drácula de Tod Browning, o Satanás de Edgar G. Ulmer, entre muchas otras. 

A estas alturas, resulta innecesario hacer hincapié en el argumento de esta conocidísima historia, o en las cuestiones filosóficas acerca del ciclo de la vida, la integración social de aquellos que son "distintos" etc. que la novela de Shelley planteaba. En cambio, el valor artístico de la cinta merece toda nuestra atención.


Whale y sus colaboradores consiguen crear una tétrica atmósfera, respaldándose en decorados de corte expresionista, una bella fotografía de Arthur Edeson, la memorable labor de maquillaje de Jack Pierce -su recreación facial del monstruo de Frankenstein es hoy reconocida por cualquier persona- y una remarcable interpretación de Boris Karloff, que imprime personalidad propia en el monstruo sin la necesidad de decir ni una palabra. 

Son muchas las escenas destacables de este filme; el momento de la creación, el famoso encuentro entre el monstruo y una inocente niña junto al lago, el molino incendiado por la muchedumbre.... 

A día de hoy, El doctor Frankenstein no produce el terror que debió sembrar allá en los años treinta -aunque la película no ha envejecido nada mal-, pero sigue siendo un referente para todos los cinéfilos y la obra cumbre del cine de terror. 




04 noviembre 2013

XXXII Festival de Cine de Terror de Molins de Rei


Una vez más llega a Molins de Rei el festival de cine de terror y con él, su punto fuerte, 12 horas de suspense, acción y miedo concentradas en la proyección de 7 películas de lo más variadas en cuanto a temática de terror. El pequeño teatro de la Peni acoge, como tantos otros años, este acontecimiento que cumple 32 ediciones.

La velada arranca con la última producción de Sonny Laguna y Tommy Wiklusuecos, Wither. En ésta vemos como una joven pareja junto con sus amigos, se disponen a pasar un desenfrenado fin de semana en una cabaña rural, pero en la casa habita una entidad maligna que infecta uno a uno el alma y cuerpo de nuestros protagonistas. 

Wither, es un claro homenaje al cine de terror de los 80 y sobre todo a Evil Dead de Sam. Se trata de una película que mezcla acción, horror y gore haciendo sufrir al espectador con cada minuto del largometraje enseñando sangre y tripas de manera constante. El principal punto flaco de la película lo encontramos en unos personajes planos aparte de no constar con un argumento demasiado sólido ni coherente. Estas carencias las han sabido suplir con una escenografía y maquillaje excelente dotando a la película una estética oscura y macabra.

Después de una breve entrega de premios se procedió a la proyección de Savage de Michael S. Ojeda ambientada en el desierto de Arizona donde una joven es brutalmente asesinada por una banda de criminales que se dedican al exterminio de indios americanos. Después de ser enterrada, una serie de sucesos mágicos hacen que la muchacha vuelva a la vida, pero junto a ella vuelve del mundo de los muertos el espíritu de un antiguo jefe Apache que busca, encarnándose en el cuerpo de la joven, venganza contra aquellos que tanto daño le han hecho. El resultado engloba fantasía y acción con escenas trepidantes y efectos especiales que en algún momento llegan a resultar insulsos y poco conseguidos. 

Pocos minutos después de la una de la madrugada comenzó la tercera película, VHS 2 de S. Barrett, J. Eisener, G. Evans, E. Sánchez y A. Wingard. En la que dos investigadores privados andan tras la pista de un joven desaparecido. La búsqueda les lleva hasta su casa, donde encontrarán una perturbadora colección de vídeos que les hará plantearse que no se trata de un hecho casual la desaparición del joven.

La estructura del film compuesto por 4 historias independientes más el argumento central consigue tener al espectador cautivado, en tensión a parte de sorprenderlo con algún que otro sobresalto. Por otra parte, a nivel general el hilo argumentativo no es muy consistente y en cuanto a la producción, se trata de un proyecto modesto, esto se refleja tanto en maquillaje como en efectos especiales, donde se nota la optimización de los recursos disponibles.


Como cada año, en el meridiano de la velada, llegó el momento más esperado de la noche, la proyección de la película sorpresa, de la cual solo se sabía que en algún momento había estado censurada. Cuando el interventor dijo que se trataba del trabajo filmográfico de Wes Craven, muchos ya se imaginaron que era el clásico de terror La última casa a la izquierda de 1972 con la cual debutó como director y se ganó un puesto entre los grandes referentes del género.

Mon Ami, procedente de Canadá, es la obra del cineasta Pob Grant. Cabe decir que no se trata de una película de terror, sin embargo, la sangre, la tortura y sobre todo el humor negro están presentes a lo largo de todo el film. El argumento se inicia con dos amigos que deciden raptar a la hija de su jefe para cobrar un rescate millonario, pero a causa de su inexperiencia, todo se acaba torciendo, desencadenando así, en una serie de estrambóticas situaciones.

Esta película de cine independiente consiguió destacar gracias a una buena interpretación de los protagonistas así como un guión original y trabajado con recursos narrativos similares a los utilizados por Guy Ritchie. También se ve reflejado en la banda sonora donde todas las piezas eran de repertorio instrumental clásico que conjunta a la par con el ritmo del film.

Con la llegada de I am a ghost los espectadores disfrutaron de una película de terror totalmente distinta, se trata de un film producido por HP Mendoza en el cual nos muestra un enfoque filosófico e introspectivo de la psique de Sylvia, un espíritu así como su día a día. El uso delicado, detallista, monótono y lento de los recursos narrativos así como las imágenes armónicas y luminosas contrasta con el estereotipo de película al cual está acostumbrado el público habitual del festival.

Para finalizar la noche, se nos ofreció Hatchet 3 de Eric Falardeau, en la que un psicópata de enormes proporciones y de naturaleza inmortal atormenta a los habitantes cercanos al siniestro pantano donde se ambienta el film. Se trata de una película de acción y terror con grandes dosis de gore que no busca profundizar ni en los personajes ni en el argumento, tan solo sorprender a quien busque emociones fuertes.

Con esta última proyección terminó el festival y con la llegada del sol, el pequeño teatro de Molins de Rei nos deja un año más, grandes producciones llenas de acción, miedo y emoción que difícilmente serán indiferentes para el auditorio.