• Hay que estar bien alerta con todo intento de enmarcar un conflicto como es en este caso el de género, especialmente si se trata de uno con apariencia progresista.
  • La trabajadora actual vive en un mundo globalizado, víctima de la precariedad laboral y solo pudiendo sentirse parte de un proceso económico, sin una identidad cultural a la que aferrarse.
  • El sexo, el género, binario o no binario, fluido... tras el auge de luchas como la feminista o por la libertad sexual, muchas han sido las realidades de este tipo que se han puesto sobre la mesa.
  • Es importante retener 2 concepciones de la naturaleza del ser humano, la social, que constituye la base de la educación, y la política, que contribuye a la extensión de susodicha educación; porque, son 2 elementos fundamentales en la construcción y salud del sistema democrático.
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23 diciembre 2014

William Shakespeare en el cine: Otros títulos


"El mundo entero es un teatro." 

Cita extraída de "Como gustéis", 2.º acto, escena VII.


En esta publicación recogemos otras adaptaciones de la obra de Shakespeare, más allá de las cuatro ya revisadas. Aquí encontrarán versiones de Otelo, Ricardo III o Enrique V, entre muchas otras.


-Otelo (The Tragedy of Othello: The Moor of Venice, 1952) de Orson Welles

El rodaje de Otelo supuso una auténtica odisea para Orson Welles y todos los que trabajaron en ella. Los múltiples problemas de financiación llegaron a alargar la filmación de la película hasta cuatro años, y todo para que finalmente y tras distintas trabas no existiera forma legal de exportar y comercializar la misma. Pese a ello, Welles y su equipo consiguieron que fuera admitido en Cannes -esta es la única película que ha participado en el certamen francés sin una delegación nacional- y la película consiguió el Gran Premio del Jurado en la edición de 1952. La mejor versión del Othello de Shakespeare.




-Ricardo III (Richard III, 1955) de Laurence Olivier

Protagonizada por él mismo, Olivier dirige otra adaptación de un clásico Shakespereano. En esta ocasión, se acerca a la siniestra figura de Ricardo III, rey de la corona británica en el Siglo XV. La cinta, rigurosa y de extensa duración, goza de una extraordinaria reputación por parte de la crítica especializada.




-Looking for Richard (En busca de Ricardo III) (Looking for Richard, 1996) de Al Pacino

Película documental que intercala representaciones de la obra de Shakespeare con reflexiones acerca de la obra de este autor, su contemporaneidad y la forma en que estas se pueden acercar de forma más eficaz al gran público. Al Pacino dirige, co-escribe y encabeza el reparto del filme.



-Enrique V (The Chronicle History of King Henry the Fift with His Battell Fought at Agincourt in France, 1944) de Laurence Olivier

Primera adaptación de Olivier de una obra de Shakespeare y también la primera de todas ellas que fue presentada en color. Se trata de una interesante versión muy fiel a la historia y que avanza la capacidad del director inglés para llevar a la pantalla la obra del gran dramaturgo. La película recibió cuatro nominaciones a los Oscars.



-Enrique V (Henry V, 1989) de Kenneth Branagh

Debut tras las cámaras de Kenneth Branagh. El director norirlandés se estrenaba con esta sobria versión de la obra Shakesperiana protagonizada por él mismo -al más puro estilo Olivier- y Emma Thompson, una habitual en sus filmes. También destaca la presencia de Derek Jacobi, Judi Dench o un joven Christian Bale.



-Cielo amarillo (Yellow Sky, 1948) de William A. Wellman

Clásico del Western encabezado por Gregory Peck y Anne Baxter en el que el guionista Lamar Trotti se inspira libremente en "La tempestad" de Shakespeare y en una historia de WR Burnett. Se trata de un más que destacable título del cine del oeste que toma inspiraciones clásicas y mezcla sutilmente el cine negro o la intriga con el tan habitual y mítico escenario americano del Siglo XIX.



-Sonrisas de una noche de verano (Sommarnattens leende, 1955) de Ingmar Bergman

Bergman se inspira libremente en "El sueño de una noche de verano" para construir esta picarona comedia ambientada en la Suecia de inicios del Siglo XX. Con algunos de sus habituales en los roles principales -Harriet Andersson, Bibi Andersson o Gunnar Björnstrand-, Bergman entrelaza magistralmente distintas historias en un film más que notable. 




-Julio César (Julius Caesar, 1953) de Joseph L. Mankiewicz

Fiel adaptación de la obra Shakespeareana que respeta en gran medida el texto y el sentido original del mismo. Con un espectacular Marlon Brando en el papel principal, Mankiewicz hace gala de todo su talento en el que sin duda es uno de sus grandes trabajos. Un clásico imprescindible que cosechó incontables premios en Estados Unidos y Europa.





-Campanadas a medianoche (Falstaff, 1965) de Orson Welles

Ambientada en la Inglaterra del Siglo XV, Orson Welles construyó un guión para esta película inspirándose en cuatro obras distintas de William Shakespeare: "Enrique IV", "Enrique V", "Las alegres comadres de Windsor" y "Ricardo II". Con un ritmo trepidante, sutilezas cómicas y una inolvidable batalla rodada de forma magistral -claramente inspirada por Sergei M. Eisenstein-, Campanadas a medianoche supuso la última incursión de Welles en la obra del poeta inglés. 





-Mucho ruido y pocas nueces (Much Ado About Nothing, 1993) de Kenneth Branagh

Buena adaptación de la obra homónima de William Shakespeare dirigida, escrita y protagonizada por el propio Branagh. Plagada de caras conocidas -Emma Thompson, Denzel Washington, Keanu Reeves o Michael Keaton-, esta comedia cosechó notables críticas y un sinfín de nominaciones en los distintos certámenes cinematográficos de 1993.


  

-El mercader de Venecia (The Merchant of Venice, 2004) de Michael Radford

Regular versión del clásico que destaca más por aspectos técnicos y sus protagonistas -Al Pacino y Jeremy Irons- que por otra cosa. La crítica nunca ha sido muy generosa con ella, pero lo cierto es que no hay otra adaptación de El mercader de Venecia que se pueda anteponer a ella. 






"Es mejor ser Rey de tu silencio que esclavo de tus palabras"



17 octubre 2014

Secretos de un matrimonio (Scener ur ett äktenskap, 1973) de Ingmar Bergman



"Tardé dos meses en escribir estas escenas y toda una vida en experimentarlas"

Ingmar Bergman



Johann (Erland Josephson) y Marianne (Liv Ullman) son un matrimonio acomodado cuyos diez años de convivencia han transcurrido de forma estable y aparentemente feliz. Tienen dos hijas y una cercana relación con sus familiares y amigos. Precisamente la visita de una pareja de amigos cuyo matrimonio está en descomposición generará serias dudas a los protagonistas acerca de su situación vital.


Secretos de un matrimonio fue un proyecto escrito y dirigido por Ingmar Bergman para la televisión sueca. Pese a que su rotundo éxito llevó al cineasta a realizar un corte para cines de unos 155 minutos -aprox.-, la obra original y completa consta de seis episodios que en su conjunto tienen una duración de 295 minutos. La crítica especializada coincide en apuntar que este filme supone un pequeño giro temático en la obra del maestro sueco, quien dejó atrás los aspectos existenciales presentes en El séptimo sello (Det sjunde inseglet, 1957) o Los comulgantes (Nattvardsgästerna, 1960) para centrarse en aspectos más íntimos de la condición humana. Lo cierto, y esta es solo nuestra opinión, es que los dos ámbitos temáticos se encuentran presentes en la totalidad de su obra. 

La cinta muestra la descomposición de la relación entre Johann y Marianne. Ésta se ha ido deteriorando con el paso del tiempo, desde sus inicios, pero los dos protagonistas, lejos de afrontarlo, han ocultado sus miedos, preocupaciones y reproches tras una cortina de humo en forma de aparente felicidad. Todo ello sale a la luz cuando Johann vuelve de un supuesto viaje de trabajo y le cuenta a su mujer que piensa irse unos meses a Francia con su amante, Paula, abandonándola a ella y a sus hijas y dando así por terminado su matrimonio.

A medida que avanzan los episodios (cuyos títulos son: Inocencia y pánico, El arte de esconder el polvo bajo los muebles, Paula, Valle de lágrimas, Los analfabetos y En plena noche, en una casa oscura, en medio de algún lugar) vamos descubriendo los motivos que les han llevado a su situación actual. El brillantísimo guión de Bergman y su inigualable maestría en el uso de los escenarios y los distintos recursos cinematográficos hacen que, pese a que casi la totalidad de la cinta consiste en largas conversaciones entre Johann y Marianne -los personajes secundarios juegan un rol de poco peso en Secretos de un matrimonio, especialmente a partir del tercer episodio-, el espectador mantenga su atención en todo momento.

La portentosa reflexión acerca de las relaciones personales e íntimas que realiza el director de Persona (ídem, 1966) nos lega citas para el recuerdo. Entre las muchas a destacar nos quedamos con la siguiente: "Somos analfabetos emocionales. Hemos estudiado el cuerpo humano y la agricultura en África. Hemos aprendido fórmulas matemáticas de memoria, pero no nos han enseñado nada acerca de nuestra alma. Somos totalmente ignorantes respecto a los sentimientos".


Pero además de su vigoroso contenido intelectual y de la extraordinaria reflexión que esta película supone acerca de la naturaleza humana y de las relaciones que se establecen entre nosotros mismos, Secretos de un matrimonio destaca por las inolvidables interpretaciones de Ullman y Josephson. Estos dos habituales colaboradores de Bergman dan señas de su enorme talento en un filme que, de ser interpretado por otros actores, no seria lo mismo. Desde el inicio -en que los protagonistas nos son presentados mediante una entrevista que les realiza una revista de contenido "amarillento"- hasta los furtivos encuentros en casa de un amigo de Johann cuando ambos ya han reconducido sus vidas, los dos intérpretes son el único eje de una historia que gira, precisamente, acerca de dos individuos.

También hay que hacer mención a la labor de fotografía de Sven Nykvist -otro íntimo colaborador de Bergman- y de las excelentes aportaciones de Bibi Andersson o Gunnel Lindblom en esos pequeños roles secundarios de los que hablábamos antes. No prescindan de este ejemplar retrato de la condición humana y sus más secretas intimidades.





25 septiembre 2014

Los comulgantes (Nattvardsgästerna, 1963) de Ingmar Bergman



"Dios, ¿Por qué me has abandonado?"


Thomas (Gunnar Björnstrand) es un pastor protestante que celebra los oficios religiosos en un pequeño pueblo. La iglesia se encuentra prácticamente vacía y él se halla en una profunda crisis existencial y emocional desde el fallecimiento de su esposa tres años atrás. Cuando una pareja acude a él para rogarle ayuda se dará cuenta de su incapacidad para seguir creyendo en dios.


Habitualmente considerada la segunda parte de la trilogía sobre "el silencio de dios" -pese a que el propio Bergman negara esta circunstancia- Los comulgantes es una sobria, gris y austera obra maestra en la que el realizador sueco relaciona dos de los grandes leit motiv de su obra: La duda metafísica sobre la existencia de dios y el análisis de la relaciones personales íntimas. Cabe decir que, a diferencia de lo que ocurre en otras de sus películas, en Los comulgantes la negación del creador es rotunda y clara y la mirada a nuestro mundo está muy lejos de ser esperanzadora.

La primera escena del filme -magistral, por cierto- nos muestra uno de los oficios del pastor. En su actitud advertimos un cierto pasotismo que ya nos hace intuir su incredulidad. En la iglesia solo hallamos a Märta (Ingrid Thulin) -personaje central del filme- a una pareja de campesinos y unos pocos personajes más, algunos de ellos ayudantes de Thomas. 


Tras la ceremonia el pastor recibe la visita de Jonas (Max von Sydow) y su esposa, quien le transmite la angustia que su marido siente por la amenaza nuclear. Poco después vuelven a reunirse con la esperanza de que el pastor pueda liberarle de esa carga. Lejos de cumplir dicho cometido, Thomas realiza un pesimista discurso en el que transmite al desesperado Jonas sus dudas acerca de la existencia de Dios. Tras esto, el campesino se suicida.

Como apuntamos, además de la que podríamos denominar "trama religiosa", existe otro hilo argumental, relacionado en este caso con la vida sentimental de Thomas y Märta. Esta mujer -que sufre una enfermedad en la piel que le produce eczemas- siente una profunda estima hacia Thomas que éste no sólo no puede corresponder, sino que le resulta incómoda hasta el punto de convertirse en una carga. Tras el fallecimiento de su esposa el pastor se convierte en un ser sin capacidad para amar a otro humano ni tampoco para recibir ningún tipo de amor. 


El silencio de Dios es el causante de todo este sufrimiento, la falta de fe y esperanza de los personajes del filme y el vacío amoroso de los mismos. Un silencio imperturbable y desalentador. 

La puesta en escena del filme, que por su austeridad y sencillos decorados recuerda a la obra de Carl Theodor Dreyer, debe mucho al talento de Bergman y su director de fotogragfía, Sven Nykvist, quien ilumina los oscuros rostros de unos inmejorables -como siempre- Gunnar Björnstrand e Ingrid Thulin. 

Pese a su escasa duración -apenas 80 minutos- Los comulgantes da para muchas reflexiones, y siendo uno de los trabajos más desnudos y rigurosos de su autor, se erige también como una perfecta muestra de su maestría y su arte. Imprescindible.





04 mayo 2014

La hora del lobo (Vargtimmen, 1968) de Ingmar Bergman




"La hora del lobo es el momento entre la noche y la aurora cuando la mayoría de la gente muere, cuando el sueño es más profundo, cuando las pesadillas son más reales, cuando los insomnes se ven acosados por sus mayores temores, cuando los fantasmas y los demonios son más poderosos..."



Johan Borg (Max von Sydow) es un pintor en plena crisis creativa que viaja a la isla de Farö con su esposa Alma (Liv Ullmann) para pasar el verano. Allí conocen a una peculiar familia, los siniestros Von Merken, que les invitarán a pasar la noche en su castillo.


Buscar una explicación plenamente racional a los filmes que Ingmar Bergman realizó en los años sesenta puede convertirse en un gran error. La hora del lobo se inicia con unos oscuros títulos de crédito acompañados de los típicos sonidos previos a la grabación de una escena. Esto mismo, debe entenderse como un aviso del director respecto a lo que estamos apunto de ver. Bergman nos va a presentar una ilusión, una película onírica que sigue la lógica de un sueño, o más bien de una pesadilla.

Alma, esposa del pintor, ejerce de narradora mediante la lectura del diario personal de su marido. En él se encuentran extrañas historias, claramente inspiradas en la obra de E.T.A Hoffman, que nos trasladan al interior de una mente enferma, torturada y enigmática.


El filme reflexiona acerca de la relación entre el artista y sus insaciables seguidores; el tormento espiritual que sufre el pintor, persona de gran sensibilidad, frente a las críticas por su trabajo, y también sobre el miedo que sufre éste al exponerse. Al fin y al cabo, estamos ante una película de terror, de terror psicológico y espiritual. Ninguno de los personajes que vemos en el castillo existe realmente, pues se encuentran en la psique de Johan, y son su gran tormento. 

Son muchas las virtudes a destacar de esta película; las sublimes interpretaciones que posee, el extraordinario trabajo de fotografía de Sven Nykvist, la aterradora banda sonora y por supuesto el guión (inmejorable, como siempre) de Bergman, y su trabajo tras las cámaras, que nos lega imágenes únicas y rompedoras y hace gala de un expresionismo efectivo e hipnótico.


También son muchas las escenas destacables, pues prácticamente podríamos hablar de cada una de ellas. En todo caso, destacaremos tres: El asesinato del niño por parte de un Johan desesperado (una de las escenas más brutales y a su vez geniales que un servidor haya visto), la representación en el castillo de un pasaje de La flauta mágica (una muestra más de la inteligencia del cineasta sueco y su capacidad para fundir las distintas artes en una sola), y el tramo final, en el que Johan acude al castillo en busca de su antigua amante, Verónica Vogler (Ingrid Thulin), y es humillado y vejado por los Von Merken.


Aterradora, angustiosa e hipnótica. Así es esta obra maestra de Ingmar Bergman, un viaje a la torturada psique de un artista y a su depredadora relación con el público. Decir que una película ocupa un puesto destacado dentro de la filmografía Bergmaniana ya es mucho, y La hora del lobo debe ser reconocida como tal.