• Hay que estar bien alerta con todo intento de enmarcar un conflicto como es en este caso el de género, especialmente si se trata de uno con apariencia progresista.
  • La trabajadora actual vive en un mundo globalizado, víctima de la precariedad laboral y solo pudiendo sentirse parte de un proceso económico, sin una identidad cultural a la que aferrarse.
  • El sexo, el género, binario o no binario, fluido... tras el auge de luchas como la feminista o por la libertad sexual, muchas han sido las realidades de este tipo que se han puesto sobre la mesa.
  • Es importante retener 2 concepciones de la naturaleza del ser humano, la social, que constituye la base de la educación, y la política, que contribuye a la extensión de susodicha educación; porque, son 2 elementos fundamentales en la construcción y salud del sistema democrático.
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19 marzo 2015

El silencio de un hombre (El samurái) (Le Samouraï, 1967) de Jean-Pierre Melville



"No hay soledad más grande que la del samurái, a excepción de aquella del tigre en la jungla... quizás..."

El código Bushido


Jeff Costello (Alain Delon) es un experto asesino a sueldo que realiza su trabajo de forma meticulosa y que elabora unas sofisticadas coartadas que le dejan fuera de toda sospecha. Sin embargo una noche, tras matar a sangre fría al dueño de un club nocturno, es visto por numerosos testigos, y pese a que su férrea coartada debería alejarle de los focos, tanto la policía como aquellos que le contrataron, preocupados por si Costello habla más de la cuenta, intentaran darle caza. 


En un inicio memorable, el cineasta francés Jean-Pierre Melville nos presenta al personaje en torno al cual girará la totalidad de este filme, su indiscutible obra maestra. En la primera escena, junto a los títulos iniciales, vemos en un plano fijo una lúgubre y grisácea habitación en la que Jeff Costello, con la única compañía de un canario que no deja de cantar, yace sobre su cama mientras fuma un cigarro. Esta es una muestra de la desnudez que caracteriza la cinta y el carácter artístico de su creador. Más tarde vemos como Costello roba un coche, visita a un amigo que le proporciona una nueva matrícula para el mismo y elabora su coartada junto a la única mujer que forma parte de su vida. Todo ello, eso sí, en un rotundo silencio y un ascetismo formal solo a la altura de los grandes maestros del cine.


Desde la interpretación del gran Alain Delon, hasta el detallado uso del color característico del cineasta parisino, pasando por la fenomenal ambientación y el elaborado guión; El silencio de un hombre es una obra maestra del cine negro y policíaco que marcó no solo la cima artística de Melville, sino un punto de referencia para numerosos artistas que décadas más tarde han abordado dichos géneros. Hablamos de nombres de la entidad de John Woo, Jim Jarmusch, Bernardo Bertolucci, Takeshi Kitano, Michael Mann o el propio Martin Scorsese. 

Esto que comentamos nos permite poner de relieve la grandeza que tiene esta cinta en términos históricos, pero además resulta indiscutible su total vigencia narrativa y formal. Un elocuente silencio acompaña la práctica totalidad de un filme cuya melancólica atmósfera engrandece su trágico contenido.


Sin duda, el absorbente personaje principal, un asesino sin escrúpulos que sin embargo simpatiza con el público por su soledad y su inseparable destino, tiene gran parte de culpa en el hecho que el filme funcione como un reloj. Se trata de, como ya hemos dicho, un hombre meticuloso hasta la saciedad., una suerte de lobo solitario cuya oscura vida parece no tener ningún sentido ni fin. 

Más allá de todos los elementos ya comentados, merece la pena destacar la banda sonora de François de Roubaix, plagada de melodías jazzísticas, o la excelente fotografía de Henri Decae (Los 400 golpes, Ascensor para el cadalso...). Así pues, Le samouraï es una de esas joyas ineludibles del cine francés -una de tantas. Una pieza de arte para gozar una y otra vez. 

Finalmente, queremos mencionar dos escenas que creemos constituyen los momentos de máxima tensión del filme: Por un lado, el reconocimiento policial de todos los sospechosos, en el que vemos venir que Costello tendrá muchos problemas con la policía a lo largo del metraje, y por el otro la persecución en el metro, donde hasta cincuenta agentes y veinte colaboradores tratan de dar caza al protagonista en el mítico subsuelo parisino. 






29 enero 2015

El fantasma de la libertad (Le fantôme de la liberté, 1974) de Luis Buñuel



"El surrealismo es destructivo, pero destruye sólo lo que considera que limita nuestra visión"

Salvador Dalí


Película de episodios con altas dosis de surrealismo que se entrelazan mediante distintos personajes que coinciden en un momento determinado. Empezando por una historia alrededor de las tropas napoleónicas en España, hasta la de un francotirador que asesina a 18 personas en las calles de París, pasando por las perversiones sexuales de una pareja de burgueses, etc.


Penúltima película dirigida por Luis Buñuel. En ella, el maestro de Calanda aprovecha su absoluta libertad creativa para realizar un filme profundamente personal donde recupera su lenguaje más surrealista. Al ver la cinta, uno tiene la sensación de que el director aragonés estaba haciendo aquello que le apetecía, alejado de pretensiones y enfocando su trabajo como un divertimento a través del cual podía tratar todos aquellos temas que le habían inquietado a lo largo de su vida y que se hallan tan presentes en toda su anterior obra -la crítica a la burguesía, la hipocresía, la religión, el poder en todas sus formas, las convenciones sociales y los formalismos, etc.

Como decimos, la cinta transcurre como una simple sucesión de episodios inconexos, atemporales y surrealistas, mediante los cuales Buñuel rompe con todo formalismo y juega con la psique del espectador. Algunos ejemplos de esto los encontramos en el capítulo en el que un hombre enseña unas misteriosas fotografías a unas niñas en el parque, imágenes que escandalizan a los padres de las muchachas y que provocan el despido de su niñera. Todo espectador ha dado por hecho que las fotografías contienen escenas pornográficas más bien desagradables, pero el director nos muestra finalmente que no se trata más que de paisajes de grandes ciudades. Lo mismo ocurre en aquella divertida escena en que unos comensales se sientan en la mesa (imagen superior) sobre unos váters y en cambio se excusan para ir a comer.


Así como los momentos hilarantes -imposible no mencionar la escena del hotel, en que una pareja invita a cuatro frailes y una joven enfermera a su habitación para practicar ante ellos sus juegos sadomasoquistas- abundan en el filme y el humor socarrón de Buñuel nos lega imágenes para el recuerdo, cabe decir que el filme es irregular en algunos puntos. Podríamos argumentar que Buñuel se divirtió tanto y se sintió tan libre filmando El fantasma de la libertad que no se preocupó lo más mínimo por la redondez final de la cinta.

Pese a que el tour constante al que nos vemos sometidos impide la presencia continuada de ningún actor en la película, resulta necesario mencionar la gran cantidad de nombres relevantes de la escena europea de los setenta que participan en ella: Vemos a Monica Vitti, a Michel Piccoli, a Jean Rochefort o a Michel Lonsdale, entre muchos otros.


En definitiva, El fantasma de la libertad es, pese a sus defectos y a no tratarse de una de las obras más destacadas del gran Buñuel, una divertida sátira nada desdeñable artísticamente y que ofrece un rato de entretenimiento y reflexión muy apreciable. Un film notable, que obliga a razonar y que permite ver a uno de los mejores directores de todos los tiempos en su máxima libertad creativa.





29 noviembre 2014

Viva la libertad (À nous la liberté, 1931) de René Clair



"En todas partes, si se toma la oportunidad. Por todas partes, la vida es una melodía. Por todas partes, es el vino y el romance. Así que aquí está para nosotros la libertad!"


Dos reclusos tratan de fugarse de una prisión francesa, pero sólo uno de ellos lo logra gracias al sacrificio de su compañero. Años después, éste se ha convertido en un empresario de éxito y el otro, ya libre de condena, en uno de sus muchos trabajadores. Al reencontrarse, su amistad resurgirá.


Viva la libertad es el segundo film sonoro dirigido por René Clair, uno de los cineastas franceses más populares de la primera mitad del Siglo XX. Se trata de una comedia a caballo entre el slapstick del periodo silente, el musical y la sátira política y social. La cinta, de escasos 80 minutos de duración, posee un ritmo trepidante y narra las aventuras de dos hombres unidos por un valor a reivindicar: la amistad. Ésta prevalecerá, al final de la historia, sobre cualquier interés material de los individuos.

Las connotaciones políticas de À nous la liberté son más que evidentes. En los primeros 20 minutos, el director ya ha equiparado la vida en prisión a la de los asalariados de la fábrica. La moraleja final del filme posee claras referencias al pensamiento marxista: Aquello que oprimía a los trabajadores es ahora lo que les hace libres y felices, ayudados por el progreso científico y la colectivización de los recursos de la fábrica. La reivindicación de valores poco ligados a la sociedad industrial, como la colectividad, el amor al prójimo, la generosidad etc., también se halla muy presente en la película.


Una de las secuencias más destacables de la película, que resulta indispensable comentar, es aquella que se produce en la cadena de montaje de la fábrica donde trabaja uno de los protagonistas. En ella se produce un descuido y se arma un lío de dimensiones considerables. No mucha gente lo tiene presente, pero esta crítica al taylorismo y al trabajo en cadena inspiró a Charles Chaplin para su famosísima cinta Tiempo Modernos (1936), que en la actualidad goza de mucha más fama que la obra de Clair.

Esta situación, que para el francés fue todo un orgullo, trajo problemas a Chaplin, pues en 1936 la productora de Viva la libertad, conocida como Tobis, era propiedad del gobierno alemán y estaba en manos nada más y nada menos que del ministro de propaganda Nazi Joseph Goebbels. Éste denunció a Chaplin por plagio en una contienda jurídica que sacó de quicio a un Clair que consideraba Tiempos Modernos como un homenaje y que admiraba profundamente al cómico inglés. 


La obra de Clair inspiró a toda una generación de franceses y sigue siendo hoy en día un hermoso canto a la vida y a un futuro mejor. Como curiosidad final, apuntar que esta fue la primera película de habla no inglesa en recibir una nominación a los premios Oscar.





25 noviembre 2014

La sal de la tierra (The Salt of the Earth, 2014) de Wim Wenders & Juliano Ribeiro Salgado



"Al fin y al cabo, las personas son la sal de la tierra"


Durante los últimos 40 años, el fotógrafo Sebastião Salgado ha viajado por los cinco continentes que conforman nuestro planeta retratando al hombre, su condición y la evolución que le ha acompañado. Testigo de algunos de los acontecimientos más destacados y terribles de nuestra historia como especie, su extensa obra es tanto un homenaje a la belleza de la tierra como una crítica a los males que la acechan. 


Wim Wenders es uno de los cineastas alemanes más reconocidos de las últimas décadas. Títulos inolvidables como Alicia en las ciudades (1974) o París, Texas (1984) avalan su trayectoria y talento. En los últimos tiempos, el de Düsseldorf se ha prodigado en el género documental, legándonos auténticas joyas como La sal de la tierra, estrenada este mismo año.

Co-dirigida y escrita con Juliano Riberio Salgado -hijo del protagonista del filme-, la película es un repaso a la vida y obra de Sebastião Salgado, un fotógrafo de inestimable talento que a lo largo de las últimas cuatro décadas ha viajado por todo el mundo embarcado en distintos proyectos que le han llevado a conocer lo mejor y lo peor del hombre y el planeta que éste habita. 

A través de entrevistas a los principales implicados -el propio fotógrafo, sus familiares más cercanos etc.- y a la exposición de algunas de sus mejores obras, el documental reflexiona acerca de las cuestiones universales que acompañan a cualquier hombre en su vida: el amor, la pérdida, la redención, la muerte... Lo verdaderamente extraordinario es que lo hace de la mano de un hombre que ha conocido de primera mano la realidad que nos rodea, que ha retratado la más absoluta pobreza, el más profundo dolor, el más esforzado trabajo y la más pura belleza. 

Los distintos proyectos de Salgado suponen un viaje a los lugares más remotos de América, a los conflictos y éxodos humanos de África y los Balcanes, a la más salvaje vida animal y a la más vírgen de las tierras.

La música de Laurent Petitgand acompaña la brillante exposición artística del filme, que consagra a Wenders como un documentalista de enorme talento y sabiduría y que nos recuerda su poética concepción del hombre, el arte y la vida. Lo mejor será, sin duda, que gocen por ustedes mismos de este estremecedor documento fílmico, y para animarles a ello les dejaremos con algunas de las fotografias de Sebastião Salgado, todo un artista de nuestro tiempo:














27 mayo 2014

Banda aparte (Bande à part,1964) de Jean-Luc Godard




"Arthur, no dejaba de mirarse los pies mientras piensa en ellos. Odile se preguntaba si los dos chicos se habían dado cuenta del movimiento de sus pechos bajo el jersey y Franz pensaba en todos y en nadie"



Franz (Sami Frey) y Arthur (Claude Brasseur) se sienten atraídos por Odile (Anna Karina), una inocente joven con la que han coincidido en una academia de inglés. Al descubrir que ésta trabaja en una casa de la aristocracia, convencen a la muchacha para que les ayude a robar en el domicilio.


El movimiento conocido como Nouvelle Vague surgió como la respuesta de unos jóvenes cinéfilos a la comercialización del séptimo arte en los Estados Unidos. A partir de esta premisa, nació una oleada de cineastas en Francia (poco después el movimiento se expandiría a muchos otros países: Japón, Checoslovaquia...) que deseaban crear un arte más libre y personal, alejado de todo convencionalismo en la estética y las formas.

Pues bien, de entre todos los autores que capitalizaron este movimiento, sin duda el más representativo y fiel a aquello establecido en sus inicios fue Jean-Luc Godard, un autor controvertido, único y difícil que todavía hoy genera fuertes discusiones entre fans acérrimos y detractores. 


Banda aparte es una película perfectamente fiel al movimiento. Libre y alejada de convencionalismos, se muestra rompedora desde su inicio, con unos títulos de crédito en los que vemos un collage formado por los protagonistas y el título de la cinta. A partir de ahí se desarrolla una trama inspirada libremente en la novela Fool's good de Dolores Hitchens.

La película, que posee cierto aire cómico y tintes de cine noir, funciona como sentido homenaje de un cinéfilo más -Godard- hacia el género policíaco de serie B. Pero lo más interesante de la misma son la innovaciones formales que el autor introduce en ella. 


Además del peculiar uso del montaje, hay que destacar: la introducción y desaparición del narrador, los subargumentos clásicos del género que no duran más de un minuto y que sirven únicamente para alejarse temporalmente de la trama e incluir nuevas ideas o cuestiones en la misma, la escena en un bar de París en la que Godard corta todo sonido durante prácticamente un minuto y en la que los tres protagonistas bailan al sonido de una música que se ve interrumpida por el anteriormente citado narrador, etc.

Otro elemento notable en Banda aparte son las primeras alusiones políticas dentro de la filmografía de Godard, elemento que años más tarde se convertiría en el eje central de su cine.

Sea como fuere, aquellos que amen la Nouvelle vague adorarán Banda aparte y aquellos que nunca la han visto con buenos ojos la detestarán y la acusarán de pretenciosa. Juzguen ustedes mismos, ¿nuestra realidad? Ni una cosa ni la otra. 






13 mayo 2014

La evasión (Le Trou, 1960) de Jacques Becker



"La camaradería no es más que la mitad de la vida: la otra mitad es el amor, una cosa tan diferente de aquella, que podría uno imaginarse que fue creada para otro universo"

Gilbert Keith Chesterton 


La historia se sitúa en una prisión francesa de 1947. Allí, cuatro reclusos que comparten celda han preparado un minucioso plan para fugarse. Cuando ya planean ponerlo en marcha, reciben la noticia de la llegada de Gaspard Claude (Marc Michel) a su habitáculo. Ante esta situación, deberán decidirse entre abandonar el plan o contárselo al joven preso y confiar en que éste no les traicione. 


Le trou fue la última película que dirigió el gran cineasta parisino Jacques Becker, quien falleció semanas después de finalizar el rodaje y ni tan solo pudo completar el trabajo de post-producción. De lo que no hay duda alguna es de que se trata de su cima artística y de una de las obras capitales de un cine tan rico y célebre como el francés. 

La película, basada en los hechos reales descritos en la novela de Jose Giovanni -uno de los protagonistas de los acontecimientos acaecidos en 1947- nos es introducida por uno de los intérpretes, Jean Kéraudy, quien también participó en el intento de fuga de finales de los cuarenta. Tras este breve epílogo, se nos presenta la disyuntiva antes explicada y se nos narran desnudamente todos los trabajos de excavación que se suceden en la historia.


Para esta película, Becker no utilizó actores profesionales, lo que dota de un mayor realismo a la cinta. El extraordinario dominio del tempo narrativo del que hace gala el cineasta francés contribuye a crear una atmósfera de tensión dramática logradísima, que influye directamente en el espectador haciéndole partícipe del plan de los cinco compañeros. 

La autenticidad de esta obra es absoluta; durante las poco más de dos horas de duración de la misma asistimos a largos planos que describen el laborioso trabajo de los reclusos: Les vemos picar piedra, cavar, esconderse de los vigilantes.... 

Teniendo en cuenta que Le Trou se estrenó cuatro años después de Un condenado a muerte se ha escapado (Un condamné à mort s'est échappé, 1956) de Robert Bresson, y que su temática es más que parecida, resulta imposible evitar las comparaciones. Pero, tratándose de dos grandes obras maestras, lo que las distingue ya de entrada es el sentido de las mismas, pues mientras Bresson quiere dotar a su filme de trascendencia filosófica, Becker centra su historia en la camaradería de los reclusos y en las diferencias ostensibles que se desprenden en el trato entre ellos y el que tienen con su nuevo compañero.


Becker consigue dotar al filme y a la amistad existente entre sus protagonistas de una calidez digna de los mejores trabajos de Howard Hawks. Además, el inesperado giro final otorga a la película los tintes dramáticos necesarios, convirtiéndola irremediablemente en una obra de referencia dentro de su subgénero y de la misma historia del cine. 






22 abril 2014

L'Atalante (ídem, 1934) de Jean Vigo




"El amor conquista todas las cosas; démosle paso al amor"

Virgilio


Una pareja de recién casados -Jean (Jean Dasté) y Juliette (Dita Parlo)- emprenden su viaje de bodas a bordo de L'Atalante. En su trayecto por los canales del Sena les acompañan Jules (Michel Simon) y su joven ayudante. Las disputas entre los dos enamorados llevará a un conflicto que amenaza con romper su recién formalizada relación. 


En 1934, el cineasta francés de origen catalán Jean Vigo filmó su segundo y último largometraje, L'Atalante. Su trágica muerte el Octubre de ese mismo año a causa de una tuberculosis acabó con uno de los más prometedores directores del momento y con una figura que influenció a toda una generación de cineastas. 

L'Atalante fue rodada en estrecha colaboración con el cinematógrafo de origen ruso Boris Kaufman, y se trata de una de las obras francesas más reconocidas a nivel mundial. Su innegable influencia y la perceptible modernidad que aún hoy posee la sitúan en un destacado puesto tanto para críticos como para cinéfilos independientemente de su origen o nacionalidad. 

La película presenta la historia de una pareja con personalidades contrapuestas. Mientras que Jean es un hombre feliz que se conforma con su navío y la cotidianeidad, Juliette es una joven soñadora que ansía vivir aventuras y conocer la ciudad de París. Su amor no se pone en duda en ningún momento, pero sus diferencias originan todos los conflictos que tienen lugar durante el filme. 

Entre ellos se sitúan dos figuras más. Por un lado la de Jules, el excéntrico marinero que dirige la embarcación -este es uno de los personajes más peculiares, divertidos y fascinantes que jamás se haya visto en pantalla- y por el otro un joven seductor que tienta a la aventurera protagonista y que genera unos celos incontrolables en Jean.


Qué decir de las proezas técnicas y de la enorme imaginación y valentía que muestra la dirección de Vigo. El francés no solo experimenta, innova e imagina, sino que además acierta en cada uno de los recursos que termina usando. Personajes que se acercan a la cámara, fundidos en negro más que sugerentes, juegos visuales y sonoros y ante todo un montaje en paralelo que nos legó una de las más tiernas y románticas escenas de amor de la historia del cine. 

Todo ello en su conjunto, sumado a una excelente ambientación y un gran dominio de la cámara por parte de Kaufman, acaba por formar una de los filmes románticos más sencillos y encantadores que se puedan ver. 


Cuanto más tiempo pasa, más cuenta se da uno de la enorme relevancia de L'Atalante, un filme que anunciaba un futuro muy grande para su realizador que desgraciadamente nunca pudo emprender. 

L'Atalante es un canto al amor por encima de las diferencias que puedan surgir entre dos personas, sean cuales sean. Y ante todo es un poema romántico, sutil y bello por igual, que enlaza con el alma del espectador. 






22 marzo 2014

La trilogía de los Tres Colores de Krzysztof Kieslowski




"Quizás vale la pena investigar lo desconocido, aunque sólo sea porque el sentimiento de no saber es muy doloroso"

Krzysztof Kieslowski



Entre 1993 y 1994 el cineasta polaco Krzysztof Kieslowski dirigió una trilogía cuyos títulos hacen referencia a los colores de la bandera de francesa. Así pues, Kieslowski se inspira libremente en los tres grandes valores de la Revolución del XVIII: La libertad, en Tres colores: azul (Trois couleurs: Bleu, 1993), la igualdad, en Tres colores: blanco (Trois couleurs: Blanc, 1994) y la fraternidad, en Tres colores: rojo (Trois couleurs: Rouge, 1994). 


En la primera película, azul, se presenta la historia de Julie -Juliette Binoche-, que en un accidente de coche pierde a su marido e hija. Tras recuperarse de sus lesiones y un intento fallido de suicidio iniciará una nueva y solitaria vida que tan solo se verá perturbada por el recuerdo de su marido y la insistencia de Oliver, su ayudante, para que concluya la obra clásica de éste, un concierto para Europa. 

Azul es sin duda la más dramática de las tres películas. Su crudo argumento esconde reflexiones vitales de gran calado que giran entorno a la libertad emocional de su protagonista. Las mayores virtudes de este bello filme se encuentran en sus intérpretes, la fotografia de Slawomir Idziak y la partitura de Zbigniew Preisner, quien trabajó en las tres obras que aquí tratamos.


En Blanco, Kieslowski dota a la narración y a la propia historia de un sentido más cómico pese a lo dramático del argumento. En ella, Karol -Zbigniew Zamachowski-, se enfrenta a un problema de impotencia que su mujer -Julie Delpy- no tolera, hasta el punto de exigirle el divorcio. Tras este traumático suceso, Karol decide volver a su Polonia natal y emprender un negocio con el único objeto de vengarse de su ex esposa. 
Blanco es, a nuestro enetender, el filme más flojo de la trilogía. Sin dejar de ser una película interesante tanto por aquello que plantea como por el modo en que lo hace, el enrevesado guión acaba por jugarle una mala pasada, dificultando su seguimiento y diluyendo el mensaje del director. La referencia que hace a la igualdad únicamente se puede entender en el sentido de "igualdad de condiciones" en una relación sentimental.


La culminación de la trilogía de los colores y de la obra de Kieslowski viene dada por Rojo. Valentina -Irène Jacob- es una joven estudiante que se gana la vida como modelo. Una noche, atropella a un perro y tras salvarlo de la muerte decide llevarlo con su dueño. Allí conocerá a un hombre frío y enigmático -Jean-Louis Trintignant- que pasa el tiempo escuchando las conversaciones telefónicas de sus vecinos.

Rojo es tan bella y compleja como sus protagonistas o la obra de su director. En ella, Kieslowski recupera algunos de los temas tratados en su mejor película, La doble vida de Veronica (La double vie de Véronique, 1991), tales como la importancia y significación de los instantes y las decisiones tomadas día a día, por intrascendentes que éstas puedan parecer. Nuevamente las destacadas interpretaciones y la inteligente dirección de Kieslowski incrementan la calidad del conjunto y conforman una más que notable obra cinematográfica.


En el conjunto de la trilogía destacan las formidables composiciones de Zbigniew Preisner, que dotan a cada uno de los filmes de un carácter poético y nostálgico. También debemos destacar el uso del color por parte de Kieslowski y sus ayudantes, que impregnan los decorados de los tonos acordes con el título de cada uno de los filmes.

El éxito de Kieslowski y su trilogía de los colores se hace evidente al repasar los galardones que estas consiguieron; mientras que Azul se hizo con el León de Oro de Venecia a mejor película, por Blanco el director polaco recogió el Oso de Plata a mejor director y con Rojo cosecho incontables nominaciones y otros tantos premios.


 

19 febrero 2014

Madame de... (ídem, 1953) de Max Ophüls




“El amor nos trajo a este mundo, y es el mismo amor el que nos conduce a la muerte.”

José A. Pallavicini


París, 1900. Madame Louise (Danielle Darrieux) es una mujer frívola y coqueta que con el objeto de saldar ciertas deudas decide vender unos valiosos pendientes que le había regalado su marido (Charles Boyer). Estas joyas viajarán por media Europa y acabarán en manos del Barón Donati (Vittorio De Sica), un diplomático italiano que vivirá un intenso romance con la protagonista.


Adaptando la novela homónima de Louise de Vilmorin, Max Ophüls dirige magistralmente la que probablemente sea su mayor obra maestra. Si únicamente pudiéramos describir esta película con una palabra, usaríamos "perfecta". Y es que la perfección formal y estética de Madame de... es absolutamente indiscutible.

El film sirve al director alemán para plasmar algunas de sus temáticas recurrentes: el placer como un sentimiento amargo, el amor romántico que deviene trágico, el hastío conyugal, el fenómeno de los celos etc. Pese a ello, no se la puede catalogar como un simple compendio de su obra, pues la filmografía de Ophüls resulta especialmente rica en el aspecto formal y estético.


En una primera escena memorable, rodada a modo de plano secuencia, Ophüls nos presenta a Madame Lousie únicamente a través de un espejo, y después de que hayamos visto como buscaba y rebuscaba algún objeto que pudiera vender. Esta introducción nos permite hacernos la idea de la importancia que las joyas -unos preciosos pendientes- tendrán en toda la trama, pues serán el hilo conductor entre los tres protagonistas.

Otra secuencia que quisiéramos destacar -entre las muchas que lo merecen en esta obra-, es la del enamoramiento progresivo de Louise y Donati, filmado mediante la repetición de una misma situación, un baile. De Sica resulta perfectamente convincente en su papel de galán y ofrece un maravilloso duelo interpretativo con el otro protagonista masculino, Charles Boyer. Ambos se encontrarán en una situación conflictiva y se disputarán el corazón de Madame Louise. Danielle Darrieux está perfecta en su papel, y demuestra el porqué es considerada como una de la actrices europeas de referencia. 


Música, fotografía, interpretes, todos los elementos se conjugan a la perfección y elevan Madame de... a la categoría de clásico universal. Un film de referencia, simplemente indispensable, que hielará el corazón de todo espectador mediante un drama amoroso de la más elevada factura.