• Hay que estar bien alerta con todo intento de enmarcar un conflicto como es en este caso el de género, especialmente si se trata de uno con apariencia progresista.
  • La trabajadora actual vive en un mundo globalizado, víctima de la precariedad laboral y solo pudiendo sentirse parte de un proceso económico, sin una identidad cultural a la que aferrarse.
  • El sexo, el género, binario o no binario, fluido... tras el auge de luchas como la feminista o por la libertad sexual, muchas han sido las realidades de este tipo que se han puesto sobre la mesa.
  • Es importante retener 2 concepciones de la naturaleza del ser humano, la social, que constituye la base de la educación, y la política, que contribuye a la extensión de susodicha educación; porque, son 2 elementos fundamentales en la construcción y salud del sistema democrático.
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17 junio 2015

El sur (1983) de Víctor Erice



"Los recuerdos no pueblan nuestra soledad, como suele decirse; antes al contrario, la hacen más profunda."

Gustave Flaubert

En una remota localidad del norte de España vive Estrella, una niña de apenas 9 años que comparte sus días junto a sus padres, un médico y zahorí andaluz (Omero Antonutti) y una profesora represaliada tras la guerra. La admiración inicial de la pequeña por su padre da paso al misterio que acompaña el pasado de éste.  


Pese al éxito obtenido con El espíritu de la colmena (1973), el cineasta vizcaíno Víctor Erice no volvió a dirigir una película hasta diez años después, cuando encaró un proyecto basado en una historia de Adelaida García Morales titulada El sur. Así nació esta conmovedora cinta -la segunda y última de ficción que ha dirigido su autor- no exenta de problemáticas, pues Erice nunca llegó a filmar la totalidad de su guión debido a que el productor Elías Querejeta canceló el rodaje aludiendo motivos económicos. Lo cierto es que ha habido discusiones acerca de los motivos o la conveniencia de detener la historia sin su parte final, y todos los implicados han dado su opinión al respecto. De lo que no cabe duda es de que, aunque el precipitado fin de la historia alienta su vertiente enigmática, todos los cinéfilos y amantes del arte debemos lamentar que Erice nunca pudiera completar su segunda película, así como de que no se haya prodigado posteriormente en la realización de largometrajes.

Sea como fuere, El sur se mantiene vigente como una de las cintas más relevantes de la cinematografía española. Sin ir más lejos, fue elegida en 1996 por críticos y profesionales del cine como la sexta mejor película española de todos los tiempos. Desde aquí no podemos más que sumarnos al gran colectivo que conforman los admiradores de esta película y tratar de perfilar algunos de los motivos que nos inducen a tal pleitesía. 


En El sur, igual que hizo con su ópera prima, Víctor Erice utiliza una niña para hablar acerca del mundo de los adultos y de la España de la posguerra. Estrella es una joven que, como todos alguna vez, admira a su padre. Este personaje, que en realidad es el gran protagonista del filme, es un médico y zahorí que abandonó su tierra natal, Andalucía, debido a discrepancias ideológicas con su padre, un franquista. La fascinación que las capacidades de Agustín causan en su hija vienen envueltas en un halo de misterio que Erice esboza con suma elegancia y prodigiosa destreza. Poco a poco, y con el paso del tiempo, la niña va indagando en el pasado de su padre, y con ello no consigue más que ahondar en un misterio que es incapaz de resolver. Al mismo tiempo, empero, los espectadores asistimos a la sutil evolución de un personaje de carácter casi místico en sus inicios y que poco a poco se va volviendo más humano a nuestros ojos, hasta que descubrimos la enorme soledad en que vive y la tortura a la que le someten los recuerdos de su pasado.

A grandes rasgos, y sin entrar a desvelar cuestiones muy concretas del metraje, esa seria la base de la cinta. Erice se vale de esta historia para hablarnos de multiplicidad de cuestiones al mismo tiempo: La soledad, el amor, la pérdida, los remordimientos, la posguerra... Todo ello envuelto por una suave cortina de humo que es la realidad del mundo desde el punto de vista de una niña incapaz de comprender aquello que ve, siente e intuye.

   
El contraste establecido entre el frío y solitario norte y el cálido sur pierde algo de vigor debido a la ausencia del metraje que trascurría en Andalucía, pero aún así las constantes referencias a éste y las ansias de Estrella por conocer la tierra en la que nació y creció su padre compensan ese déficit. Además de la excelente labor de los intérpretes -en especial un soberbio y melancólico Omero Antonutti- y la mano maestra de Erice, cabe destacar el sublime trabajo de fotografía de José Luis Alcaine, quien nos lega escenas para el recuerdo -sin ir más lejos la que abre la película.

En definitiva, un ejercicio cinematográfico de primer nivel que evoca una contenida nostalgia capaz de llegar al alma del espectador. La escena que da pie al tramo final, en la que padre e hija comparten una comida mientras suena una pieza musical que les recuerda tiempos más felices y que resultarán ser los últimos momentos que compartan juntos es sencillamente memorable. Una obra maestra.





    

09 octubre 2014

Los diez mejores debuts de la historia del cine



Empezar con buen pie en esta vida nunca es sencillo, y menos aún cuando se trata de ponerse tras una cámara y realizar un filme. Cuando un autor realiza su ópera prima son muchas las dificultades a las que debe hacer frente. Es muy habitual que el presupuesto escasee, por lo que difícilmente se tienen los medios óptimos o requeridos. El escaso desarrollo de un lenguaje cinematográfico que un director puede achacar a una temprana edad y la falta de práctica con los instrumentos tecnológicos y humanos necesarios para la realización son también elementos que suelen abocar al fracaso. Pues bien, no cabe duda que teniendo en cuenta todos estos factores adversos y los numerosos casos de grandes genios que debutaron con el pie izquierdo (véase Stanley Kubrick) aún se debe destacar más el hecho de que algunos cineastas lograran triunfar, innovar y romper esquemas con sus primeros trabajos. Nuestra intención aquí es seleccionar las diez mejores óperas primas que el cine nos ha brindado, teniendo en cuenta tanto los factores de calidad artística como los de relevancia histórica e innovación. Naturalmente, la selección es estrictamente subjetiva.



1. Ciudadano Kane (Citizen Kane, 1941) de Orson Welles


Con tan sólo 26 años de edad Orson Welles había adquirido tanta fama y popularidad dentro de la sociedad Estadounidense que la RKO le brindó la oportunidad única de realizar una película con total libertad creativa y a su vez un notable presupuesto -desgraciadamente, la única que podría realizar en estas circunstancias a lo largo de su trayectoria como cineasta. El resultado fue una mítica obra que hoy día suele ser considerada como la más relevante del cine norteamericano. Con Ciudadano Kane, Welles realizó una película puramente de autor -algo que había ido desapareciendo en Hollywood tras la época del cine mudo- y modificó las concepciones acerca del uso de la profundidad, los focos y la estructura narrativa del cine, además de consolidar el lenguaje hasta entonces vigente. 


2. Pather Panchali, la canción del camino (Pather Panchali, 1955) de Satyajit Ray


Pather Panchali no supuso únicamente el debut de Satyajit Ray, gran referente del cine hindú, sino que fue una primera incursión en un realismo social que autores como Roberto Rossellini o Vittorio De Sica habían explotado en Europa y que reflejaba fielmente la vida rural del país asiático. Con un equipo repleto de inexpertos y actores no profesionales, Ray consiguió captar imágenes de tremenda ternura emocional y nos transmitió en esta obra maestra la magia de una primera mirada a la India real, que sin duda nunca ha sido la de Bollywood. (Leer más) 


3. Un perro andaluz (Un chien andalou, 1929) de Luis Buñuel


Si existen dos filmes que representan a la perfección las postulaciones de André Breton sobre el surrealismo esos son los dos primeros trabajos de Luis Buñuel: Un perro andaluz y La edad de Oro (L'âge d'or, 1930). Además de tratarse de un cine rompedor y sorprendente, cabe destacar sus enormes cualidades artísticas. Un perro andaluz es una obra de referencia en la que Buñuel colaboró con Salvador Dalí en la elaboración del guión. Numerosas imágenes de esta cinta forman parte hoy de la iconografía de nuestra sociedad. 



4. El espíritu de la colmena (1973) de Víctor Erice


Víctor Erice solo había dirigido uno de los cuatro episodios de Los desafíos (1969) cuando en 1973 emprendió su primer filme como director y coguionista. Compleja y bella por partes iguales, El espíritu de la colmena se convirtió rápidamente en uno de los referentes indiscutibles del cine de autor español y a día de hoy sigue sorprendiendo tanto por sus logros formales como por su brillante guión. Un filme fascinante de principio a fin. (Leer más)



5. La noche del cazador (The Night of the Hunter, 1955) de Charles Laughton


La noche del cazador fue la primera y única película dirigida por el célebre actor Charles Laughton. Claramente influenciado por el expresionismo alemán de los años 20, Laughton construyó un drama onírico e inquietante repleto de hermosas imágenes y una poética visual al alcance de muy pocos artistas. Desgraciadamente, la película fue un fracaso de público y crítica, por lo que el actor británico quedó alejado de la labor de dirección para el resto de su vida. A día de hoy, el filme es considerado como uno de los grandes referentes del cine estadounidense y ha marcado la obra de cineastas tan dispares como David Lynch o Terrence Malick. Si Laughton hubiera seguido dirigiendo, probablemente tendríamos más joyas para degustar. Una lástima. 


6. Los cuatrocientos golpes (Les Quatre cents coups, 1959) de François Truffaut


François Truffaut se había hecho un nombre como crítico cinematográfico -conocido por su severidad- en la revista Cahiers du cinéma y también había dirigido tres cortometrajes que le sirvieron de "taller de prácticas" antes de emprender su primer largo. Este fue Los cuatrocientos golpes, una cinta con grandes dosis autobiográficas que, pese a no poseer todas las características estéticas de la Nouvelle Vague, lanzó el movimiento y lo presentó ante el público. La calidad del filme -la mejor obra de Truffaut- y su influencia posterior están fuera de toda duda. 


7. La infancia de Iván (Ivanovo detstvo, 1962) de Andrei Tarkovsky


Si bien es cierto que Andrei Tarkovsky había dirigido algunos mediometrajes en su etapa académica, se suele considerar La infancia de Iván como su primer trabajo. Esta película es la única ópera prima que se ha alzado con el León de Oro del Festival de Venecia. Retomando un rodaje ya empezado, Tarkovsky dio muestras de su talento y su particular concepción del cine en esta poética y evocadora cinta que narra las vivencias de un niño ruso en los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial. Las preciosas imágenes de los bosques y ríos rusos anunciaban la capacidad creativa de un director único y grande donde los haya. (Leer más)


8. Malas tierras (Badlands, 1973) de Terrence Malick


Existen pocos directores tan polémicos y discutidos como Terrence Malick. Sus admiradores y detractores abundan por igual y a estas alturas todos ustedes saben que en Vox Ultra formamos parte del primer grupo. Lo que es una realidad es que un joven de menos de treinta años y graduado en filosofía en Harvard dirigió en 1973 uno de los filmes independientes de referencia del cine estadounidense. Basada en un hecho real, Malas tierras narra de forma poética las experiencias de dos jóvenes de la América profunda que han cometido un asesinato. Una cinta hipnótica en la que no se pueden dejar de destacar las interpretaciones de Martin Sheen y Sissy Spacek. 


9. Al final de la escapada (À bout de souffle, 1960) de Jean-Luc Godard


Si al hablar de Los cuatrocientos golpes decíamos que fue el primer gran éxito de la Nouvelle Vague francesa pero que no poseía todos los elementos estéticos de ésta, Al final de la escapada representa el verdadero despertar del movimiento en cuanto a forma y método. Sin este filme de Jean-Luc Godard no podríamos entender el cine francés de los años sesenta. Su impronta e influencia es enorme, motivo por el que suele ser referenciada en cualquier charla sobre la historia del cine. 


10. La huelga (Stachka, 1925) de Sergei M. Eisenstein


El debut de Eisenstein es capital dentro de la historia del séptimo arte por distintas razones. En primer lugar, supone la presentación de uno de los mayores artistas del Siglo XX, un precursor que resultaría decisivo en el desarrollo del lenguaje cinematográfico; y en segundo, porque en La huelga, el director soviético llevó a la pantalla su innovadora técnica de montaje, que poco después perfeccionaría en su obra maestra El acorazado Potemkin (Bronenosets Potyomkin, 1925). (Leer más)


09 junio 2014

El espíritu de la colmena (1973) de Víctor Erice




"Te lo he dicho, es un espíritu. Si eres su amiga, puedes hablar con él cuando quieras. Cierras los ojos y le llamas. Soy Ana… soy Ana…"


1940. En un pequeño pueblo de Castilla, dos hermanas de ocho y seis años llamadas Isabel y Ana (Isabel Tellería y Ana Torrent) asisten al pase de El doctor Frankenstein que se celebra para los infantes de la zona. La visión del filme causa una profunda impresión en Ana, la pequeña, que a partir de entonces no dejará de preguntar a su hermana acerca de la misma. 


El espíritu de la colmena significó un esplendoroso debut para el peculiar cineasta Víctor Erice, director que cuenta con una filmografía reducida a dos largometrajes y piezas documentales. Pese a su colaboración en Los desafíos (1969) -de la cual rodó uno de los episodios que la integran-, debe considerarse la cinta que aquí nos ocupa como su ópera prima.

Sin duda alguna, estamos ante una pieza capital del cine español. Un filme que triunfó en su momento en el Festival de cine de San Sebastián -consiguiendo la Concha de Oro a mejor película- y al que todavía hoy se rinde admiración desde los círculos cinematográficos.

La película, ciertamente compleja, cuenta paralelamente dos historias: La de dos niñas que acuden a una sesión de El doctor Frankenstein de James Whale y que a partir de ese momento empiezan a plantearse cuestiones relacionadas con la vida y la muerte -el cine, y esa experiencia en concreto, despierta la curiosidad de las dos jóvenes- y la de sus padres, dos personajes que parecen abstraídos por el contexto histórico en que viven - recién terminada la Guerra Civil- y que pese a sus intentos por dejar atrás sus dolorosas experiencias se muestran incapaces.


Este contraste entre los dos mundos -el de las niñas; repleto de imaginación, ilusión y deseos de conocer y vivir y el de los adultos; oscuro, frío, triste y desalentador- es uno de los elementos más brillantes del filme. Además de lo ya apuntado, Erice aprovecha para homenajear los inicios del cine -véase la escena del tren, alusión directa a uno de los primeros filmes rodados por los hermanos Lumière- y el papel que éste desempeña, o puede llegar a desempeñar, en el hombre -referenciado en la impresión que causa en Ana la historia de Frankenstein. 

Describir en tan pocas líneas lo magistral que llega a resultar El espíritu de la colmena no es sencillo. Se trata de una obra repleta de minuciosos detalles mediante los cuales el director nos traslada las ideas contenidas en ella. Así, esta es una película a percibir, admirar y contemplar hasta sus más pequeños detalles. Algunos ejemplos: La relación entre el matrimonio de Fernando (Fernando Fernán-Gómez) y Teresa (Teresa Gimpera) se muestra distante, fría, prácticamente helada. Nunca llegamos a saber a qué es debido -¿los sufrimientos por la guerra, tal vez?-, pero Erice no se preocupa lo más mínimo en justificarlo, y se limita a exponer la situación actual mediante la constante contraposición de sus posiciones. En un álbum de fotografías no aparecen juntos en ningún momento y a lo largo de todo el metraje sólo coinciden en dos escenas: en una ella se encuentra en el balcón y él saliendo de casa y en la otra Fernando está dormido. 


Otro buen ejemplo, sin duda, es la actitud que adoptan las dos niñas en el proceso de crecimiento que viven en el filme. Mientras que Ana, la pequeña, se muestra inocente y soñadora, Isabel aparece como una persona consciente de su jerarquía sobre la hermana menor, y se debate entre una actitud infantil, desafiante y perversa. 

Al magistral guión en el que además de Erice colaboró Ángel Fernández Santos hay que sumar la perfecta y personal labor tras las cámaras del primero. Repleta de encuadres fijos, silencios estremecedores, simbología y colores amarillentos -gran labor en la fotografía de Luis Cuadrado-, El espíritu de la colmena se erige como unos de los filmes más bellos dirigidos en los últimos cuarenta años. 

Como anécdota final, comentar que los personajes de la película conservan los nombres originales de los actores ya que resultaba difícil para las niñas aclararse con los cambios. 

Bella, compleja, fascinante, única.... Así es El espíritu de la colmena.