domingo, 23 de noviembre de 2014

El fin de la comedia


Hoy pasamos revista a El fin de la comedia, una serie española (sí, española) que ha emitido Comedy Central y que comentamos por su estilo, por su concepto del humor y por el carisma de su excéntrico personaje: Ignatius Farray.


Haciendo suyo un formato al más puro estilo Louie, El fin de la comedia sigue los pasos de un cómico peculiar llamado Nacho y cuyo nombre artístico es Ignatius Farray. Ignatius es un monologuista de stand-up comedy con un aspecto que parece copiado de Allen Ginsberg y que se declara fan de Richard Pryor.

En los seis capítulos de la serie vemos cómo es Ignatius fuera de los escenarios, somos testigos de cómo tiene que luchar por la custodia de su hija mientras intenta ganarse la vida como monologuista. Se nos dice del protagonista que tiene un trastorno obsesivo compulsivo, que es un adicto a la pornografía y también a los libros y efectivamente así nos presentan a Ignatius, como un egocéntrico que está pasando por la crisis de los 40 y como un entrañable perdedor con el que es fácil sentir empatía.


El fin de la comedia destaca por su humor singular, más cercano a un humor alternativo que no al de las conocidas comedias de este país, y eso ciertamente es de agradecer. A destacar especialmente el capítulo número 5 llamado Pepinillos agridulces, el que es probablemente el mejor episodio de la serie y que está repleta de situaciones sin sentido.

La serie ha adaptado el modelo de la serie americana Louie protagonizada por Louis C.K, pero en nuestro país este formato ya lo habíamos visto con ¿Qué fue de Jorge Sanz? e incluso lo estamos viendo actualmente con El crac, emitida en TV3 y con Joel Joan como protagonista. Por eso es lógico pensar que esta no es una serie original, pero tampoco no pretende serlo, exponen claramente sus influencias y además hacen mofa de ello, y hay que decir que les ha salido genial.







No sabemos si El fin de la comedia provocará efectivamente la desaparición de ésta, pero nos alegramos de que en este país se empiece a apostar por una manera diferente de hacer entretenimiento, alejándose de las comedias habituales, arriesgándose con formatos diferentes y, por qué no decirlo, de un humor también distinto. 

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