dijous, 5 de febrer de 2015

Whiplash (ídem, 2014) de Damien Chazelle



"¿No serán acaso los exitosos en realidad los fracasados, y los fracasados, exitosos ninguneados?"


Cristian Warnken


Andrew Neiman (Miles Teller) es un ambicioso y perseverante baterista de jazz que se ha marcado como gran meta en su vida triunfar en el mundo de la música y convertirse en "uno de los grandes". Cuando cursa primero en uno de los mejores conservatorios del país se encuentra con el profesor Terence Fletcher (J.K. Simmons), el más talentoso y exigente entre los docentes del mismo, quien le elegirá para ser el batería suplente de su conjunto.


La realización de Whiplash le ha resultado posible al director y guionista de la misma, Damien Chazelle, gracias al extraordinario éxito obtenido en el Festival de Sundance de 2013 con un cortometraje basado en un extracto del guión original del filme. Pese a ello, no se trata de su debut en las pantallas, sino de su segundo trabajo, ya que en 2009 dirigió Guy and Madeline on a Park Bench, un filme independiente escasamente conocido. Hay que decir que éste también giraba entorno a la música, más concretamente al jazz, y que por lo que podemos leer en Internet el próximo proyecto de Chazelle, que ha hallado el éxito con Whiplash, también será una película relacionada con dicho género. Sus intereses, pues, están bien definidos. 

En la película que nos ocupa nos encontramos con dos personajes, Andrew y el profesor Fletcher, destinados a enfrentarse, pero no tanto por el trato que el primero recibe del otro, sino por sus destinos encontrados y el férreo carácter de ambos. Andrew es un muchacho que tras una infancia difícil ha encontrado en la música su pasión y vía de escape. Sueña con convertirse en uno de los más grandes intérpretes del jazz y está dispuesto para ello a esforzarse hasta límites insospechados -ahí quedan esas sufridas escenas en que el joven practica sin parar hasta derramar sangre en sus manos. Por otro lado tenemos al profesor Fletcher, un individuo que desde el primer momento nos desvela su antipático carácter. Un hombre que cree sinceramente que el mejor modo de elevar a un intérprete a la categoría de genio es el de forzar a sus alumnos hasta límites éticamente más que cuestionables. A lo largo del metraje le vemos insultar a sus chicos, gritarles delante de sus narices, reírse de sus defectos físicos y de sus problemas familiares e incluso lanzarles objetos con la única idea de sacar lo máximo de estos.

   
Así pues, la película nos invita a reflexionar acerca del mundo de la música y el arte, sobre cuestiones éticas relacionadas con el trato que hay que dar a los jóvenes talentosos y cuales son las líneas rojas que nadie puede cruzar, aunque su cruzada sea la de encontrar a un nuevo Charlie Parker o un Louis Armstrong. ¿Con que intención lo hace el director? ¿Quizá trata de justificar la actitud de Fletcher? ¿Quizá, y por el contrario, se trata de una crítica a los valores ultra individualistas de Estados Unidos que contraponen el éxito al más absoluto fracaso? Que cada uno saque sus propias conclusiones, aunque, como dijo Roberto Rossellini: "Un espíritu libre jamás puede aprender como un esclavo".


Nuestra conclusión es que Whiplash -canción que toca la banda de Fletcher, dando nombre al filme- es una buena película, que invita a ricas reflexiones y de la que se pueden destacar la sensacional interpretación de J.K.Simmons, el montaje de Tom Cross y la banda sonora de Justin Hurwitz. El duelo final entre los dos protagonistas, además, resulta un clímax más que efectivo.






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