dilluns, 20 de gener de 2014

¿Qué hacemos con Maisie? (What Maisie Knew, 2012) de Scott McGehee y David Siegel




"Todas las familias dichosas se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera"

Frase inicial de Ana Karenina, de Lev Tolstói



Maisie (Onata Aprile), una niña de apenas 6 años, sufre el divorcio de sus padres, una veterana estrella del rock (Julianne Moore) y un exitoso marchante de arte (Steve Coogan). Así pues, debido a la enemistad entre sus progenitores, se verá involucrada en una serie de procesos legales y acabará por hallar amparo en las únicas personas que la atenderán por encima de sus intereses personales, las nuevas parejas de estos (Alexander Skarsgård y Joanna Vanderham).


Adaptación de la famosa novela de Henry James por parte del guionista Carroll Cartwright que McGehee y Siegel dirigen conjuntamente con tal de narrar el sufrimiento de una niña cuyos padres entran en una disputa por poseerla cuando en realidad ambos priorizan su carrera laboral.

Durante el film, asistimos a un seguido de situaciones en las que observamos como Maisie se ve envuelta en una contienda entre adultos que han olvidado el amor; en una sociedad y unos negocios que absorben todas sus energías y les introducen en un laberinto de egoísmo que no tiene fin. 

Ante esta situación, la joven protagonista acaba por sentirse abandonada por los seres que tanto afirman amarla y halla la felicidad en compañía de dos seres humanos, las actuales parejas de sus padres, que se muestran capaces de amar y ser amados, creando así un ambiente mucho más familiar para la niña.


Por lo tanto, podemos discernir en la película una crítica a la sociedad norteamericana, a sus escasos valores familiares y al egoísmo y ultraindividualismo imperante en las vidas de muchos de sus ciudadanos. A su vez, el film reivindica valores como el amor y la cooperación, principalmente a través del personaje de Lincoln (Alexander Skarsgård), el más conseguido del reparto.

Los hechos son expuestos en todo momento desde el punto de vista de Maisie, al estilo de Zazie en el metro (Zazie dans le metro, 1959) de Louis Malle, pero naturalmente sin el contrapunto humorístico de esta ni los rasgos característicos de la Nouvelle Vague. 

El guión está bien trabajado y las interpretaciones son más que correctas -especialmente sorprendente la tierna contribución de Onata Aprile-. La dirección se muestra eficaz e intima desde el inicio de la historia. 


Pese a estos puntos en positivo, la cinta no consigue la trascendencia pretendida, y resulta previsible en más de un momento, a la vez que reiterativa en su exposición. Los personajes están construidos con una excesiva estigmatización y no se consigue impregnar de realismo a los mismos, pese a ser algo muy necesario en una historia como esta.

Así pues, este film independiente resulta a la vez que interesante, incompleto. No es sencillo tratar un tema tantas veces discutido y tan complejo como la separación de unos padres y sus efectos en su hija/o, y por ello no debemos caer en una consideración plenamente negativa del filme, del que se podía esperar algo más.





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