dijous, 19 de març de 2015

El silencio de un hombre (El samurái) (Le Samouraï, 1967) de Jean-Pierre Melville



"No hay soledad más grande que la del samurái, a excepción de aquella del tigre en la jungla... quizás..."

El código Bushido


Jeff Costello (Alain Delon) es un experto asesino a sueldo que realiza su trabajo de forma meticulosa y que elabora unas sofisticadas coartadas que le dejan fuera de toda sospecha. Sin embargo una noche, tras matar a sangre fría al dueño de un club nocturno, es visto por numerosos testigos, y pese a que su férrea coartada debería alejarle de los focos, tanto la policía como aquellos que le contrataron, preocupados por si Costello habla más de la cuenta, intentaran darle caza. 


En un inicio memorable, el cineasta francés Jean-Pierre Melville nos presenta al personaje en torno al cual girará la totalidad de este filme, su indiscutible obra maestra. En la primera escena, junto a los títulos iniciales, vemos en un plano fijo una lúgubre y grisácea habitación en la que Jeff Costello, con la única compañía de un canario que no deja de cantar, yace sobre su cama mientras fuma un cigarro. Esta es una muestra de la desnudez que caracteriza la cinta y el carácter artístico de su creador. Más tarde vemos como Costello roba un coche, visita a un amigo que le proporciona una nueva matrícula para el mismo y elabora su coartada junto a la única mujer que forma parte de su vida. Todo ello, eso sí, en un rotundo silencio y un ascetismo formal solo a la altura de los grandes maestros del cine.


Desde la interpretación del gran Alain Delon, hasta el detallado uso del color característico del cineasta parisino, pasando por la fenomenal ambientación y el elaborado guión; El silencio de un hombre es una obra maestra del cine negro y policíaco que marcó no solo la cima artística de Melville, sino un punto de referencia para numerosos artistas que décadas más tarde han abordado dichos géneros. Hablamos de nombres de la entidad de John Woo, Jim Jarmusch, Bernardo Bertolucci, Takeshi Kitano, Michael Mann o el propio Martin Scorsese. 

Esto que comentamos nos permite poner de relieve la grandeza que tiene esta cinta en términos históricos, pero además resulta indiscutible su total vigencia narrativa y formal. Un elocuente silencio acompaña la práctica totalidad de un filme cuya melancólica atmósfera engrandece su trágico contenido.


Sin duda, el absorbente personaje principal, un asesino sin escrúpulos que sin embargo simpatiza con el público por su soledad y su inseparable destino, tiene gran parte de culpa en el hecho que el filme funcione como un reloj. Se trata de, como ya hemos dicho, un hombre meticuloso hasta la saciedad., una suerte de lobo solitario cuya oscura vida parece no tener ningún sentido ni fin. 

Más allá de todos los elementos ya comentados, merece la pena destacar la banda sonora de François de Roubaix, plagada de melodías jazzísticas, o la excelente fotografía de Henri Decae (Los 400 golpes, Ascensor para el cadalso...). Así pues, Le samouraï es una de esas joyas ineludibles del cine francés -una de tantas. Una pieza de arte para gozar una y otra vez. 

Finalmente, queremos mencionar dos escenas que creemos constituyen los momentos de máxima tensión del filme: Por un lado, el reconocimiento policial de todos los sospechosos, en el que vemos venir que Costello tendrá muchos problemas con la policía a lo largo del metraje, y por el otro la persecución en el metro, donde hasta cincuenta agentes y veinte colaboradores tratan de dar caza al protagonista en el mítico subsuelo parisino. 






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