domingo, 23 de febrero de 2014

Alemania, año cero (Germania, anno zero, 1948) de Roberto Rossellini




"No soy un pesimista, alertar del mal allí donde existe, en mi opinión, es una forma de optimismo."


Roberto Rossellini



Edmund es un niño de doce años que trata de sobrevivir junto a su familia en la Alemania de posguerra, concretamente en Berlín, una ciudad completamente derruida en la que trabajar, comer o dormir son lujos, y vivir, un auténtico infierno. 


Alemania, año cero es la película que cierra la trilogía neorrealista sobre la posguerra de Roberto Rossellini -iniciada con Roma, ciudad abierta (Roma, città aperta, 1945) y Paisà (ídem, 1946)- y es el único de estos trabajos que se sitúa fuera de Italia. 

Rossellini, iniciador del movimiento, presenta aquí un trabajo que responde a los esquemas del mismo; predominio de los exteriores, actores no profesionales, reflejo de la vida de posguerra ilustrando las dificultades de los supervivientes de la misma etc.


En este caso concreto, el maestro italiano ofrece un crudo relato de la Alemania inmediatamente posterior a la caída del Tercer Reich a manos de los Aliados. Mediante un protagonista que no hace más que simbolizar el dolor de toda una generación perdida, Rossellini muestra la ruina social y humana que ha supuesto la guerra para todo un país -y no fue el único.

La indefensión de toda la familia del joven Edmund, que viven alquilados con otras diez personas y apenas tienen para comer, resulta estremecedora.


El magistral retrato al que nos tiene acostumbrados este director nace de su compromiso con lo que está contando. Rossellini no se posiciona en ningún momento -como él mismo avanza en un epílogo-, sino que nos muestra la realidad tal y como es, sin bajar la mirada por duro que sea lo que ven sus ojos. 

En resumen, una obra de enorme relevancia dentro de su movimiento artístico que supuso uno de los hitos del cine Italiano de los cuarenta.




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