jueves, 25 de septiembre de 2014

Los comulgantes (Nattvardsgästerna, 1963) de Ingmar Bergman



"Dios, ¿Por qué me has abandonado?"


Thomas (Gunnar Björnstrand) es un pastor protestante que celebra los oficios religiosos en un pequeño pueblo. La iglesia se encuentra prácticamente vacía y él se halla en una profunda crisis existencial y emocional desde el fallecimiento de su esposa tres años atrás. Cuando una pareja acude a él para rogarle ayuda se dará cuenta de su incapacidad para seguir creyendo en dios.


Habitualmente considerada la segunda parte de la trilogía sobre "el silencio de dios" -pese a que el propio Bergman negara esta circunstancia- Los comulgantes es una sobria, gris y austera obra maestra en la que el realizador sueco relaciona dos de los grandes leit motiv de su obra: La duda metafísica sobre la existencia de dios y el análisis de la relaciones personales íntimas. Cabe decir que, a diferencia de lo que ocurre en otras de sus películas, en Los comulgantes la negación del creador es rotunda y clara y la mirada a nuestro mundo está muy lejos de ser esperanzadora.

La primera escena del filme -magistral, por cierto- nos muestra uno de los oficios del pastor. En su actitud advertimos un cierto pasotismo que ya nos hace intuir su incredulidad. En la iglesia solo hallamos a Märta (Ingrid Thulin) -personaje central del filme- a una pareja de campesinos y unos pocos personajes más, algunos de ellos ayudantes de Thomas. 


Tras la ceremonia el pastor recibe la visita de Jonas (Max von Sydow) y su esposa, quien le transmite la angustia que su marido siente por la amenaza nuclear. Poco después vuelven a reunirse con la esperanza de que el pastor pueda liberarle de esa carga. Lejos de cumplir dicho cometido, Thomas realiza un pesimista discurso en el que transmite al desesperado Jonas sus dudas acerca de la existencia de Dios. Tras esto, el campesino se suicida.

Como apuntamos, además de la que podríamos denominar "trama religiosa", existe otro hilo argumental, relacionado en este caso con la vida sentimental de Thomas y Märta. Esta mujer -que sufre una enfermedad en la piel que le produce eczemas- siente una profunda estima hacia Thomas que éste no sólo no puede corresponder, sino que le resulta incómoda hasta el punto de convertirse en una carga. Tras el fallecimiento de su esposa el pastor se convierte en un ser sin capacidad para amar a otro humano ni tampoco para recibir ningún tipo de amor. 


El silencio de Dios es el causante de todo este sufrimiento, la falta de fe y esperanza de los personajes del filme y el vacío amoroso de los mismos. Un silencio imperturbable y desalentador. 

La puesta en escena del filme, que por su austeridad y sencillos decorados recuerda a la obra de Carl Theodor Dreyer, debe mucho al talento de Bergman y su director de fotogragfía, Sven Nykvist, quien ilumina los oscuros rostros de unos inmejorables -como siempre- Gunnar Björnstrand e Ingrid Thulin. 

Pese a su escasa duración -apenas 80 minutos- Los comulgantes da para muchas reflexiones, y siendo uno de los trabajos más desnudos y rigurosos de su autor, se erige también como una perfecta muestra de su maestría y su arte. Imprescindible.





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