dimarts, 7 d’octubre de 2014

El perro rabioso (Nora inu, 1949) de Akira Kurosawa



"Los asesinos son como perros rabiosos. ¿Sabes cómo actúa un perro rabioso? Hay un poema sobre ello. Los perros rabiosos sólo ven lo que van buscando."


Tras una sesión de tiro al blanco, el joven detective de homicidios Murakami (Toshiro Mifune) vuelve a la comisaría en autobús. Durante el trayecto, alguien le arrebata su arma y Murakami se ve forzado moralmente a recuperarla una vez conoce que la pistola ha sido introducida en el mercado negro. Poco después, el departamento de balística descubre que se han producido dos actos criminales -uno de ellos ha terminado con la vida de una mujer- con el arma del agente. La desesperación de Murakami se acrecienta aún más y su capataz le asigna el caso para que colabore con el veterano comisario Sato (Takashi Shimura).

El Japón de la posguerra no podía gozar de un aspecto más que lúgubre, sombrío y oscuro, y esa atmósfera es la que consiguió crear Akira Kurosawa en sus trabajos de finales de los cuarenta. El perro rabioso es un perfecto ejemplo de ello. El autor nipón construye un drama que gira entorno a la amistad, la justicia, el crimen y la relación maestro-alumno, el eje fundamental del filme.

Todo ello se conjuga en una trama de cine negro que tiene lugar bajo un sofocante calor y una angustia creciente debido a los crímenes que van teniendo lugar. La maestría de Kurosawa en el género policíaco, que se vería consagrada en El infierno del odio (Tengoku to Jigoku, 1963), ya se hacía notar con creces en esta obra de juventud.


La película goza de un trepidante ritmo narrativo -algo poco común en Kurosawa- y de una creciente tensión dramática que nos conduce al clímax final, en el que Murakami se enfrenta cara a cara con el asesino. El papel de femme fatale lo juega Keiko Awaji, que interpreta a una joven bailarina enamorada del criminal que se niega a colaborar con la policía. 

Además de las reflexiones acerca del hombre que el director introduce en boca de sus dos protagonistas, la película destaca por escenas de carácter semidocumental y neorrealistas. Consciente del drama social de Japón, el creador de Ran (ídem, 1985) mezcla estos estilos tan presentes en la época con el filme noir clásico. El partido de baseball en el que los detectives encuentran a un sospechoso o la imagen de las sudorosas bailarinas estiradas en el suelo del camerino son claros ejemplos de esta estética característica de la posguerra.


Además de éstas, cabe destacar las escenas que se suceden en el tramo final. El dramático momento de suspense en que Sato está llamando a Murakami y el asesino le descubre o la espectacular persecución en el bosque que da lugar al pavoroso duelo final etc. 

Akira Kurosawa alcanzó la fama internacional en 1950 gracias al tremendo y justificado éxito de Rashomon (Rashômon, 1950), pero ya hacía algunos años que venía demostrando su esplendoroso talento y creemos que El perro rabioso debe ser considerada como la primera gran obra de este gran maestro.






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