divendres, 18 d’abril de 2014

Días del cielo (Days of Heaven, 1978) de Terrence Malick




"Mi amiga no tenía dinero, y ni siquiera sabía dónde ir, ...supongo que encontraría algún chico que la hiciera feliz,...al menos eso deseo porque era mi amiga , me caía bien y la quería..."



Tras matar accidentalmente a su capataz en una fábrica de Chicago, Bill (Richard Gere) decide abandonar la ciudad y trasladarse a un entorno rural donde pueda hallar otro empleo. Lo hace junto a Abby (Brooke Adams), su novia, y Linda (Linda Manz), su hermana menor. Finalmente llegan a Texas, donde encuentran trabajo en la granja de un patrón que termina por enamorarse irremediablemente de Abby.


Segundo largometraje de Terrence Malick, tras su extraordinario debut en Malas Tierras (Badlands, 1973). En esta ocasión, el cineasta tejano presenta la historia de un triángulo amoroso ambientado en la Norteamérica rural meses antes de la Gran Guerra. 

Igual que ocurría en Malas Tierras, los acontecimientos nos son narrados por una joven y enigmática mujer, en este caso Linda. Las imágenes prevalecen sobre los diálogos y la narración elíptica característica de Malick conjuga a la perfección con el resto de elementos para formar un filme bello y poético por igual.


Y es que el poderío de las imágenes que gozamos en Días del cielo se lo debemos por igual al enorme talento de Malick y a la sublime labor en la fotografía del barcelonés Néstor Almendros -su trabajo le valió el Oscar de la academia. Otra valiosa aportación al conjunto la realiza el mítico Ennio Morricone con una banda sonora repleta de lirismo y pasión. 

Como suele ocurrir en el cine del Estadounidense, la película ofrece múltiples lecturas y aporta reflexiones de todo tipo al espectador. A grandes trazos, la cinta reflexiona sobre la condición humana, las diferencias sociales del país a principios de siglo, la pérdida de la inocencia y la complejidad del amor y lo que éste conlleva. 


Hay una cosa que podemos garantizar, Días del cielo legará en su memoria imágenes de enorme calado que viajarán con ustedes para siempre. 

Tras el estreno de Días del cielo, Terrence Malick decidió instalarse en París y abandonar el mundo del cine por un tiempo. Veinte años después, volvería a escena con la portentosa cinta bélica La delgada línea roja, una de las mejores películas jamás realizadas en dicho género. 






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