dimarts, 1 d’abril de 2014

La delgada línea roja (The thin red line, 1998) de Terrence Malick




"La delgada línea roja es Salvar al soldado Ryan para gente inteligente"

Mark Kermode, crítico cinematográfico 


La película, ubicada en plena Segunda Guerra Mundial (1942), narra las desventuras de la compañía "C de Charlie" en su intento por conquistar una estratégica colina de la isla del Guadalcanal. 


Veinte años tuvieron que pasar desde el estreno de Días del cielo (Days of heaven, 1978) para que el cineasta tejano Terrence Malick volviera a dirigir un proyecto tras las cámaras. En esta ocasión, encaró uno basado en la adaptación de la famosa novela de James Jones sobre la Segunda Guerra Mundial, La delgada línea roja. 

Con un extenso reparto repleto de caras conocidas (Sean Penn, James Caviezel, John Cusack, Woody Harrelson, Nick Nolte y muchos otros), Malick dirige un filme contemplativo, pausado y poético que resulta una perfecta muestra de su particular y elíptico lenguaje cinematográfico.


La película presenta a un grupo de hombres que se han visto forzados a abandonar sus vidas y todo aquello que conocen para participar en una matanza colectiva con sus iguales. El mensaje anti belicista de Malick se hace más que patente, pero no solamente en el sentido humanista ya expuesto, sino que va mucho más allá. Malick da voz a la naturaleza y a una posible existencia divina, dos seres que no dejan de plantearse como es posible toda esa matanza y destrucción de todo lo bueno de nuestro planeta.

La conciencia colectiva de los soldados se hace más que patente a lo largo de la cinta; oímos sus pensamientos, observamos sus recuerdos y asistimos a su diálogo conjunto con ellos mismos. 


Escasas son las palabras que podamos usar aquí para describir lo inteligente del guión (escrito por el propio director) y lo brillante de una dirección que nos adentra en la batalla y nos hace sentir como uno más entre los integrantes de la compañía "C". 

Se ha hablado mucho acerca del hecho que La delgada línea roja y Salvar al soldado Ryan (Saving Private Ryan, 1998) de Steven Spielberg, se estrenaran el mismo año. Como podrán deducir, la película de Spielberg resultó más exitosa en las taquillas y recibió muchos más galardones que el filme que aquí tratamos, pero precisamente por eso hemos recogido la frase de Mark Kermode en el encabezado. La delgada línea roja es una profunda meditación respecto al sentido de la guerra y la vida, y por su excelencia se encuentra a años luz de cualquier trabajo de Spielberg. Salvar al soldado Ryan posee ciertas virtudes, está claro, pero no solo está repleta de la ñoñería característica de su director y de un patriotismo y heroicismo patéticos, sino que en ningún caso plantea cuestiones tan elevadas como las que presenta el tercer largometraje de Terrence Malick.

En resumen, si lo que a ustedes les mueve es la curiosidad intelectual, no duden en adentrarse de lleno en el cine de Malick, pues pocos cineastas presentan cuestiones de tan alto calibre en sus trabajos. 






2 comentaris:

  1. ¿Nos quejamos del patriotismo de Spielberg y no de la fe ciega en ese ser superior que personifica Malick? ¿De la inquebrantable fe del soldado y de la total falta de autocrítica en ese ser superior? No, decide culpar a los hombres, y no a su creador. El mensaje de Malick solo hace una reflexión sobre la guerra, no sobre la pérdida de fe (que siendo una guerra no es una novedad). Estoy de acuerdo en que La Delgada Linea Roja es superior al trabajo de Spielberg, pero no hablemos de tópicos porque si hay algo que destaca en la filmografía de Malick son los suyos con respecto al amor y a Dios.

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  2. Hola Jorge,
    Cuando vemos una película (igual que ocurre con cualquier obra de arte), recibimos el mensaje que el autor nos quiere transmitir. Dicho esto, está claro que La delgada línea roja expone implícitamente la existencia de un creador, igual que lo es el hecho de que culpa al hombre de toda aquella destrucción. A partir de ahí, se puede estar más o menos de acuerdo con el mensaje (yo soy ateo y por lo tanto no comparto las creencias de Malick, aunque las respete, pero en cambio concuerdo en que los males del hombre son consecuencia de los actos del mismo). Si a uno le disgusta tan profundamente que Malick sea creyente, que prescinda de su magnífica obra.
    Hablando de tópicos, simplemente diré que nadie está a la altura del amigo Spielberg, un autor mediocre sobrevalorado hasta límites insospechados.
    Un saludo y gracias por el comentario.

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