dilluns, 28 d’abril de 2014

El doctor Frankenstein (Frankenstein, 1931) de James Whale



"Quien no haya experimentado la seducción que la ciencia ejerce sobre una persona, jamás comprenderá su tiranía"

Frankenstein, de Mary Shelley



El doctor Henry von Frankenstein (Colin Clive) es un brillante científico que está trabajando en un experimento que le permita dar vida a los muertos. Para ello, une partes del cuerpo de distintos cadáveres, creando una nueva figura humana (Boris Karloff). Su prometida (Mae Clarke) tratará de evitar que lleve a cabo tan macabro proyecto.


En la historia del cine se han realizado infinitas adaptaciones de clásicos de la literatura. Frankenstein de Mary Shelley es, sin lugar a dudas, una de las novelas que en más ocasiones se ha llevado a la gran pantalla. El primer precedente lo encontramos en 1910, cuando J. Searle Dawley se acercó a la obra de Shelley con un cortometraje de apenas 13 minutos de duración y escasa relevancia artística. Desde entonces, un extenso abanico de cineastas han ligado su nombre al de esta historia, como por ejemplo Terence Fisher, Kenneth Branagh o el propio James Whale. 

Si bien es cierto que la película que realizara Branagh en 1994 es la más fiel a la historia original, debemos decir que el filme que aquí tratamos es el más notable de todos ellos.


Las producciones que realizó la Universal en los años treinta sentaron las bases de lo que ha sido hasta hoy el cine de terror. Además del Frankenstein de James Whale, se debe recordar Drácula de Tod Browning, o Satanás de Edgar G. Ulmer, entre muchas otras. 

A estas alturas, resulta innecesario hacer hincapié en el argumento de esta conocidísima historia, o en las cuestiones filosóficas acerca del ciclo de la vida, la integración social de aquellos que son "distintos" etc. que la novela de Shelley planteaba. En cambio, el valor artístico de la cinta merece toda nuestra atención.


Whale y sus colaboradores consiguen crear una tétrica atmósfera, respaldándose en decorados de corte expresionista, una bella fotografía de Arthur Edeson, la memorable labor de maquillaje de Jack Pierce -su recreación facial del monstruo de Frankenstein es hoy reconocida por cualquier persona- y una remarcable interpretación de Boris Karloff, que imprime personalidad propia en el monstruo sin la necesidad de decir ni una palabra. 

Son muchas las escenas destacables de este filme; el momento de la creación, el famoso encuentro entre el monstruo y una inocente niña junto al lago, el molino incendiado por la muchedumbre.... 

A día de hoy, El doctor Frankenstein no produce el terror que debió sembrar allá en los años treinta -aunque la película no ha envejecido nada mal-, pero sigue siendo un referente para todos los cinéfilos y la obra cumbre del cine de terror. 




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